[OPINIÓN] Alvear, el aborto y la izquierda

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[OPINIÓN] Alvear, el aborto y la izquierda

Alfredo Joignant

Por Alfredo Joignant

Publicado originalmente en La Segunda

Días atrás, Soledad Alvear publicaba una columna (“La dignidad humana”) culta sobre cómo y por qué una cierta izquierda intelectual, europea, adhiere a la defensa de la vida de quien ha sido concebido, estableciendo un contraste con sus pares chilenos. Es así como convergen en su alegato Hitchens y Bobbio, quienes, cada uno a su manera, se mostraban contrarios al aborto. Como si fuese poco, Alvear convoca además a los presidentes Vásquez y Correa, ambos de izquierda con una común aversión hacia el aborto.

Pero la columna es también tramposa.

Es elogiable que una política, asesorada por ayudantes, argumente citando a autores, aunque sin movilizar ni una sola idea original, constitutiva o interna a lo que se encuentra en discusión, como si los nombres de un par de intelectuales tuviesen por sí mismos suficiente elocuencia para persuadir.

Lo que Alvear no dice es que tanto Hitchens como Bobbio no se constituyeron en pensadores influyentes por sus opiniones acerca del aborto, sino más bien por el cultivo de una reflexión original sobre la izquierda de su tiempo en donde la interrupción del embarazo es un tema marginal. No me extenderé en el argumento, odioso, sobre la condición de pensadores influyentes pero que no eran dominantes en sus respectivos campos intelectuales, ni menos representativos de una izquierda que nunca ha sido homogénea. Lo mismo se puede decir de Tabaré Vásquez, presidente por dos veces victorioso en Uruguay, pero una franca excepción en una izquierda charrúa sumamente secularizada.

Pero lo importante se encuentra en otro lugar. Lo que definitivamente Alvear no entiende es que, en el debate sobre el aborto, no cumplen ninguna función útil los enfoques médicos o biológicos referidos a lo que Boltanski pudo llamar la condición fetal. Pocos dudan, entre los partidarios del aborto en torno a las tres causales chilenas, que en el feto existe vida humana en estado embrionario. Pero lo que no existe es la condición de persona en esta vida en gestación. Cuando se enfrenta la controversia en estos términos, con un poco de buena fe es posible entender (pero ciertamente no compartir) que lo que hace la diferencia entre la condición fetal y la persona son convenciones sociales cuya dinámica es más cultural que intelectual, de las que se desprenden convicciones y creencias que son el resultado de procesos históricamente largos por los que atraviesan sociedades en vías de modernización. Chile es precisamente uno de esos países, camino a su secularización.

Es por todas estas razones que Alvear no quiere, o no puede ver que Hitchens y Bobbio eran portadores de un pensamiento desviado, o si se quiere en desfase con sus pueblos, quienes finalmente optaron por permitirles a las mujeres ejercer control sobre sus cuerpos a partir de causales pese a todo restrictivas de su libertad. Puede entonces entenderse que las convicciones de estos intelectuales parezcan hoy excéntricas, como también se explica que en esta controversia sea irrealista persuadir a quien ya tiene una convicción. ¿En dónde reside la solución? En la libertad de elegir.