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[REPORTAJE] ¿Cómo perciben los chilenos al 1% más rico del país?

Publicado por La Segunda

Viernes 17 de octubre de 2014

 

Más que la desigualdad de ingresos, a la elite se le cuestiona por la manera en que lograron sus rentas y por su trato a los menos privilegiados.

“Para los más pobres una persona que gana mucha plata es una persona que gana 1 millón de pesos”. Esta es una de las tantas sentencias que ha recogido la académica del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile e investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), Emmanuelle Barozet, tras realizar el levantamiento de datos de sus investigaciones.

Una afirmación casi tragicómica, pero lapidaria en un contexto en que Chile se ha erigido por décadas como el país más desigual de la OCDE entre los ingresos de los más ricos y los más pobres. Y donde se cree que las personas tienen conciencia clara de esa inequidad económica. Un supuesto que, según lo investigado, dista mucho de la realidad.

Si bien a nivel mundial hay escaso conocimiento acerca de la percepción que tiene la gente común y corriente de la elite económica, el llamado “1% más rico”, como la denominó el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, los académicos Oscar Mac-Clure (U. de Los Lagos) y Barozet concluyeron recientemente una investigación titulada “Del juicio crítico micro a la crítica sistemática: para una sociología de la crítica en Chile” que analizó cómo las personas identifican, califican, en qué medida critican y también toleran las desigualdades que representa ese 1%.

Para observar qué conocimientos sociales usan las personas y qué juicios tienen acerca del “1%”, los investigadores utilizaron la metodología de dos juegos experimentales: el juego “del personaje desconocido” y “el del dictador”, sobre grupos focales pertenecientes a la clase media y popular de Santiago, Concepción y Chillán.

En grupos de discusión, se les pidió identificar a los tres personajes: uno de la elite económica tradicional, otro de la elite de ascenso reciente y otro de clase media. Al estilo del juego “Monopoly”, los jugadores de cada grupo disponían de $20 mil en dinero ficticio y 36 preguntas donde invertían en comprar respuestas.

En el primer juego, había interrogantes como “¿Qué tipo de personas evita este persobnaje?” y respuestas como “a la gente que considera ordinaria” y “le disgustan las personas que a pesar de tener dinero como él, no son educadas ni cultas”. En el segundo, cuando se les entregaban nuevamente $20 mil para que los distribuyeran en las fundaciones de cada uno de los personajes, saltaban los resultados.

Según el estudio, la elite es reconocida parcialmente por los chilenos, se evalúa de forma crítica especialmente a la elite tradicional y se cuestiona más el capital económico que el cultural o social.

Uno de los resultados más relevantes del estudio apunta a que no son los recursos económicos los que se cuestionan, sino la forma en que fueron alcanzados. En ese sentido, además, los chilenos acusan distancia y malos tratos a los menos privilegiados por parte de la elite.

Evaluación crítica a los privilegios
Desglosando la investigación, se desprende que la elite no está plenamente reconocida por todas las personas en la vida social: se percibe parcialmente y sólo por algunos, pues los más ricos son capaces de proteger la privacidad de sus privilegios y aislarse del escrutinio público.

En ese sentido, el estrato socioeconómico alto es evaluado críticamente, en especial la elite tradicional, y en menor medida, la elite de ascenso reciente. Y la clase social de las personas tiene una influencia primordial en esta crítica. Por ejemplo, los estratos sociales que pueden ser considerados típicamente de clase media califican a la elite económica de manera más negativa en comparación con los trabajadores manuales, lo contrario del prototipo de conflicto entre capitalistas y trabajadores que cruzó el siglo XX.

“Nadie desea integrar la elite, son cercanos a la clase media”
Los juicios críticos, concluyeron, dicen relación con el capital económico de la elite y no con el capital cultural o social utilizados para identificarlos.

Y aquí surge una paradoja. El juicio crítico no va contra la inequidad de ingresos entre estratos e sino por las reglas del juego que beneficiarían a los más ricos y que harían posibles sus recursos económicos.

“La gente siente que no hay injusticia respecto a los recursos económicos que concentra la elite. El problema es cómo los consiguieron”, afirma Mac-Clure.

“Las credenciales universitarias no le importan a la gente, porque piensan que sus recursos tienen más que ver con su capital social (…). A la gente no le va a importar que haya sido un mal alumno en el colegio. Le va a importar cuál es su vínculo social que tiene, su red de contactos y el efecto que eso tiene en cuanto a acercarlo o no a la gente. Y el juicio por el que parte la gente es que ahí hay algo injusto en el sentido de que son personas que se les separa del resto de los chilenos”.

Otro punto que destaca Mac-Clure es que la gente siempre tiene un grado de cercanía con el personaje de clase media, pero “nadie se identificó o sintió como un deseo llegar a ser como uno de los integrantes de la elite económica”, recalca.

“No se conocen, ni siquiera se han encontrado en la calle”
También, el estudio afirma que la elite es criticada en su mayoría por su trato con los menos privilegiados, que se hace más intenso con respecto a la elite económica tradicional que en la elite de ascenso reciente.

“Para la gente no es tan importante que estos personajes de la elite tengan mucho dinero, no es eso lo que cuestionan, sino que es porque debido a ese dinero establecen una distancia, se separan del resto de los chilenos. No son capaces de ver cuáles son las verdaderas necesidades de la gente”, enfatiza Mac-Clure.

Agrega que “una fuente muy importante de sentimientos de injusticia con respecto a la elite económica no tiene que ver con que tengan más que el resto, sino que tiene que ver con el trato que tienen. La gente piensa que estas personas de la elite son abusadores, tratan de mala manera, sienten que humillan a los demás. Esto no tiene nada que ver con los recursos económicos que concentran, sino que con los procedimientos con los cuales se relacionan con las demás personas”.

Para el sociólogo, “en el personaje de clase media, la idea de justicia tiene mucho que ver con experiencias personales, pero nadie ha vivido con un personaje de la elite económica, ni siquiera se ha encontrado en la calle con él”.

Lo anterior, según los investigadores, hace que la gente común y corriente tenga asimetrías en la información.

“Sus juicios de realidad están basados en información parcial. Mientras los personajes de la elite económica no desmientan esa información, la gente va a seguir desconfiando”, sostiene Mac-Clure.

En tanto, Barozet, indica que “ahora hay un poco más de percepción de la desigualdad, pero por temas cognitivos, de dificultad respecto del nivel de educación o de los círculos sociales por los cuales se mueven”.

“Efectivamente en los sectores populares no existe una comprensión cabal de cómo se reparte la riqueza en este país y de hecho muchas veces las personas de los sectores muy altos también tienen una visión muy distorsionada de la sociedad”, puntualiza.

Percepción salarial: Los pobres ven menos diferencia que los ricos
“Contrastes entre la desigualdad económica objetiva y subjetiva en Chile”. Así se titula la investigación del profesor asistente del Instituto de Sociología de la PUC y experto del COES, Juan Carlos Castillo, en que concluye que los sectores populares son los que menor desigualdad perciben. Esto, preguntando cuánto gana un obrero, un gerente y cuánto deberían ganar cada uno de ellos, separando la respuesta por nivel socioeconómico. “Las personas con menos ingresos y menos educación, perciben menos desigualdad salarial que las personas de más alto status. Una persona de alto status percibe en promedio que una ocupación de alto status es en promedio más o menos 50 veces lo que es una ocupación de bajo status. En cambio, una persona de menor status percibe que esa brecha es de 25. Es decir, que un gerente gana aproximadamente en promedio 25 veces lo que gana una persona de bajo status. ¿Por qué? “Dado que Chile es un país tan desigual y tan segregado, no hay mucha posibilidad para personas de bajo status de toparse en la vida cotidiana con gente de alto status y menos tener información de cuánto ganan. Más que ignorancia, se relaciona con la segregación y la posibilidad de tener información real del rango total del salario. Otra hipótesis tiene que ver con temas de ‘mantener la armonía cognitiva’. Es muy difícil vivir en un lugar sabiendo que, por ejemplo, el gerente gana 80 veces más que uno, por lo que si tal vez les llega esa información, la evitan o no la alcanzan siquiera a procesar”, explica.