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[OPINIÓN] Conflictos en Chile: diversos y organizados, La Segunda

Matías Garretón y Nicolas Somma, La Segunda

Publicado en La Segunda

El Observatorio de Conflictos del COES (Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social) recientemente lanzó su primer informe titulado “Conflicto Social en Chile 2015-2016: disputando mitos”, que identifica los conflictos grupales ocurridos en espacios públicos a lo largo de todo Chile. Para ello el Observatorio analiza día a día dieciocho medios de prensa de alcance nacional y regional, registrando los eventos relevantes en una base de datos, con una rigurosa metodología de análisis de eventos de protesta.

En los años 2015 y 2016 hemos identificado más de 4 mil acciones contenciosas que son muy diversas. Hay marchas pacíficas, artísticas, tomas de edificios, bloqueos de autopistas, huelgas, protestas violentas y/o reprimidas. Los grupos que se manifiestan expresan demandas muy variadas –educativas, reconocimiento de pueblos originarios, laborales, ambientales, homosexuales, feministas, rechazo al sistema de pensiones, por salud, por vivienda y muchas otras. Los conflictos laborales son los más numerosos, pero los vinculados al sistema de pensiones son los que lograron convocar al mayor número de personas.

También se sabe en qué fecha y lugar ha ocurrido cada conflicto, con eventos registrados en 242 comunas de Chile, lo que permite observar con precisión tendencias y patrones que serían imposibles de detectar aún para la persona más informada sobre la realidad nacional. En las grandes ciudades las manifestaciones son más masivas y es más probable que sean reprimidas, sobre todo en el Gran Santiago. Pero en algunas regiones poco pobladas y en las localidades con menor participación electoral se observa una frecuencia mucho más alta de conflictos por habitante.

En este diverso panorama, destacamos tres puntos. Primero, solo una pequeña fracción de los conflictos son violentos y reciben represión policial, hechos que no siempre coinciden. Segundo, la frecuencia de acciones contenciosas se ha incrementado entre 2015 y 2016, aunque tiene ciclos anuales con mayor intensidad entre abril y septiembre. Tercero, en la mayoría de las manifestaciones hay presencia de organizaciones bien identificadas, lo que implica que la conflictividad social no suele ser espontánea.

Todo esto sugiere que los chilenos, lejos de ser apáticos, han aprendido a organizarse para expresar demandas que no están siendo satisfechas por vías institucionales, en general de forma pacífica. Es probable que esta tendencia siga en aumento, en particular en un año electoral.