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Claudia Sanhueza

By Claudia Sanhueza

Published at La Tercera

It is easy to distinguish three areas that have been the pillars of changes in these two years: education reform, tax reform and political reform.

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En cuanto a los cambios en educación, la Ley de Inclusión avanzó en disminuir la discriminación a los niños, ampliando las reglas públicas: no permitiendo la selección, eliminando el copago y terminando con el lucro en los establecimientos financiados por el Estado. Adicionalmente, se avanzó en una política nacional docente cuyo objetivo es mejorar las condiciones de trabajo de los profesores, seleccionando a los mejores y formándolos en las mejores condiciones. Finalmente, la desmunicipalización de la educación escolar crea una red de establecimientos de educación pública estatales agrupados en servicios locales de educación, que están dedicados solamente a la labor educativa.

En educación superior se avanza gradualmente en gratuidad, tanto en instituciones que acceden como en nivel socioeconómico de los estudiantes. Sin embargo, aún falta el envío del proyecto de Ley que debería proponer cambios en evaluación de la calidad, institucionalidad del sistema, admisión y el modelo de financiamiento de la educación superior en régimen. También se está creando la red de institutos técnicos estatales.

En cuanto a la reforma tributaria, hay que decir que el actual sistema tributario es regresivo. En proporción a los ingresos los más pobres pagan más que lo más ricos. Por eso era importante, no solamente recaudar lo necesario para financiar la reforma educacional, que pretendía avanzar gradualmente hacia una política social universal, sino que esta recaudación fuera progresiva.Según un estudio del Banco Mundial, el 73% de la recaudación de la reforma tributaria provendrá del 0,1% de los chilenos más ricos.

En cuanto a las reformas políticas, la reforma al sistema binominal, aunque no completa, es un avance en el sentido de la mejor representación política de nuestras preferencias sociales. Sin embargo, lo más importante es lo que se está desarrollando hoy día: la primera etapa del proceso constituyente para la elaboración de una Nueva Constitución. Cientos de grupos de personas en todo el país se están reuniendo para conversar sobre las reglas más fundamentales que queremos nos rijan como sociedad.

Ahora bien, todavía hay muchos otros ámbitos en los cuales hay que avanzar: salud, pensiones, trabajo, temas urbanos, igualdad de género y crecimiento, entre otros. Sin embargo, creo que la experiencia de estos dos años en el país nos ayuda a identificar al menor tres aspectos que deberíamos considerar en las políticas públicas en el futuro.

Está el cambio de enfoque en el financiamiento de las políticas sociales: de políticas sociales focalizadas a políticas sociales universales. Esto se debe mirar en dos dimensiones. Por el lado del financiamiento, que el sistema tributario sea cada vez más progresivo. Por el lado del gasto, que el acceso sea en condiciones de ciudadanía y no de consumidores. Esto atraviesa diversas políticas sociales, no solamente educación, sino también salud y pensiones.

La distribución del poder político: trabajo, preferencias sociales y género.Una de las principales consecuencias de una sociedad altamente desigual como la chilena, es que el financiamiento a la política provoca que no todos tengamos el mismo poder para influir en las políticas públicas que se quieren diseñar. Por lo tanto, combatir la desigualdad es también redistribuir mejor el poder político. Adicionalmente, hay que generar las formas jurídicas que permitan una mejor redistribución del poder: el fortalecimiento de los sindicatos y la negociación colectiva, las leyes para la igualdad de género y la representación política de las preferencias sociales que permitan los cambios que la ciudadanía demanda.

Finalmente, el rol de Estado. Un efecto secundario del “problema del crecimiento económico” es que permite entender que el Estado no solamente debe tener un rol regulador de los mercados sino que tiene un rol creador o emprendedor. La creación de farmacias comunitarias fue importante en revelar este sentido. Fue evidente que estas alterarían el equilibrio de los mercados, alterando también las decisiones privadas y guiándolas de alguna manera. Esta forma de entender la función estatal es importante también para el tema del crecimiento. No solo en el sentido de crear “empresas estatales” para empujar el sector privado, sino que el Estado puede también alterar el cómo se crece. Para el mercado no hay un cómo; simplemente se maximiza el ingreso y aumenta la riqueza, pero el mercado no internaliza los costos de largo plazo en términos agregados (medio ambiente, segregación de las ciudades, entre otras). Por eso, que el Estado participe creando es parte fundamental de un mejor desarrollo, más allá del crecimiento.

No hay duda de que hemos cambiado. No tanto aún en el sentido que nos vemos diferentes, sino en el sentido que necesitamos otras soluciones. Esperemos que todos estemos a la altura de dichos desafíos.