[NOTA] Cinco investigadores COES presentaron en el Foro de la Asociación Internacional de Sociología (ISA) en Viena
agosto 2, 2016
[NOTA] Nicolás Grau comenta sobre los sistemas de ahorro y pensión en Radio Sonar
agosto 3, 2016

[OPINIÓN] Delirios metropolitanos

Luis Valenzuela

Por Luis Valenzuela

Publicada originalmente en La Segunda

Delirios metropólitanos

Preocuparse por la condición de la ciudad, y la calidad de vida de las personas que viven en ella, es más urgente que nunca. Las razones son varias. Las ciudades concentran gran parte de la riqueza de un país. Si se consideran las 600 mayores ciudades en el mundo, estas concentran un 61% del producto interno bruto global (PIB), y las primeras 23 megaciudades de ese listado tienen el 11% del PIB. En América Latina, cerca de un 90% del PIB regional se produce en zonas urbanas. 

Sin embargo, el crecimiento de las ciudades tiene efectos positivos y negativos. A medida que éstas aumentan de escala, también aumentan los consumos de recursos y energía. La alta concentración de aire contaminado en más de una docena de nuestras ciudades es efecto de la alta motorización, el transporte, además del consumo en calefacción, entre muchos más, son un reflejo del crecimiento ineficaz. Esto, inevitablemente conlleva a un gasto importante del presupuesto de nuestras comunas, lo que debe incluir no sólo la operatividad si no que también la mantención de la misma (tal como ya fuimos testigos del rompimiento de una matriz de agua y sus consecuencias), y que por lo mismo requiere de eficiencia y sustentabilidad en el tiempo. Debemos enfrentar a la ciudad como un organismo eficiente en cuanto y cómo consume sus recursos en un sentido de economía circular.

La huella humana ha sido en parte causante de los cambios climáticos cada vez más evidentes, y cuyos efectos —aumento del nivel del mar, inundaciones producidas por tormentas, la intensificación de lluvias, las devastadoras remociones en masa, entre otros– impactan las ciudades y a todos los que viven en ellas. También, tal como se evidenció en el reciente Congreso Internacional de Áreas Metropolitanas organizado por el Ministerio del Interior y el Banco Interamericano de Desarrollo, las ciudades no sólo son lugares de concentración de riqueza con una alta calidad de vida. Al interior de éstas crecen diferencias de calidades de vida que se polarizan a medida que la ciudad se desarrolla. La polarización espacial de la segregación de pobreza y riqueza urbana ha aumentado en las últimas décadas para las ciudades mayores de Chile, y muy especialmente en Santiago. Una misma ciudad tiene realidades territoriales radicalmente diferentes y, por ende, oportunidades extremadamente limitadas para las personas más pobres y vulnerables.

El territorio urbano es el lugar donde se crea la identidad de los ciudadanos y, a su vez, donde se incrementan sus diferencias. Las ciudades de mediados de milenio pasado, que eran más simples y de tamaños menores, ahora tienen una escala mayor y más compleja. Como nuestro futuro depende del futuro de las ciudades, debemos no sólo preocuparnos, sino también sumar las capacidades necesarias para recuperarlas de sus falencias.