[REPORTAJE] Dos de cada tres chilenos apoya los castigos ciudadanos

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[REPORTAJE] Dos de cada tres chilenos apoya los castigos ciudadanos

Publicado originalmente en La Tercera

En noviembre de 2014 los noticiarios mostraba imágenes de un hombre desnudo amarrado a un poste envuelto en papel plástico. Era un delincuente que asaltó a un anciano en el centro de Santiago. Un grupo de personas salió tras él y lo detuvo. Lo golpearon, le sacaron la ropa y lo ataron a un poste. Algo similar le ocurrió a un joven que asaltó una panadería en Macul y le disparó al dueño y a su hijo. Fue perseguido y golpeado. El joven recibió una estocada en la espalda y murió. Había robado 90 mil pesos y tenía 23 años.

Ambos son castigos físicos llevados a cabo por ciudadanos. Desde 2013 son cada vez más frecuentes y la Encuesta UDP 2015 -que los define como linchamientos- revela que gran parte de la población los aprueba: 59,7% está de acuerdo con que se persiga y golpee a un asaltante como castigo.

El estudio dice además que un 50,2% aprueba que Carabineros golpee a un asaltante para reducirlo y 78,7% está de acuerdo con que los jueces deberían dar condenas mucho más largas a quienes han cometido delitos.

El mayor apoyo a este tipo de linchamientos y a la represión policial se aprecia en el nivel socioeconómico medio-alto, con 70,1% de aprobación. En el nivel socioeconómico bajo solo el 55,5% está de acuerdo con este tipo de castigos.

La vinculación de aceptación de los sectores altos llama la atención, considerando que habitualmente los castigos físicos a delincuentes se asocian a sectores populares, resaltan Mónica Gerber e Ismael Puga, académicos de la UDP y expertos del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), a cargo del capítulo sobre “Control social y justificación de la violencia en Chile” de la encuesta.

Para Puga, los datos revelan que hay una percepción generalizada de crisis en el tema que justifica situaciones excesivas. “Pero no impera una gran inseguridad ni mucho menos, es importante entender que estás expresiones muestran un miedo irracional a la delincuencia”. ¿Por qué? Se relaciona, dice, con desigualdad y poca cohesión social “y se vive incertidumbre que se siente como amenaza”.

Desigualdad social

Gerber dice que la actitud del grupo más acomodado “no es lo que habitualmente se espera de personas con más nivel socioeconómico, lo que sugiere una fuerte motivación por reafirmar la distancia social”.

La experta destaca que estudios vinculan el fenómeno a la desigualdad: “Los castigos severos contra delincuentes buscan mantener y reproducir la desigualdad social. Cuando se apoya el trato violento de alguna manera se busca reprimir a personas de nivel social más bajo”, dice.

En estos casos no sólo es quitarle o no poder a los delincuentes, se manifiestan relaciones de poder, dice Puga: “La gente no hace linchamientos en otras situaciones, no castiga delitos de otros sectores pese a que puede haber mucha rabia”.

Octavio Avendaño, sociólogo de la U. de Chile, dice que el linchamiento también se manifiesta en tribunales cuando las personas no son condenadas o cuando la condena no compensa el delito. “Según estudios, es el reflejo de la ausencia del Estado, porque las personas piensan que no cumple su función”.

El linchamiento refleja un problema social bastante importante, agrega, que tiene que ver con el acceso a las instituciones de justicia: “Eso valida estas formas más viscerales de aplicación de la justicia o del sentido de la justicia”.

Se valida el uso de la pena desmedida en vez de la pena reparadora. “Lo que sociológicamente refleja es que el nivel de violencia y el uso de la violencia está validado, no se cree en la reparación, sino en la aplicación de violencia con sufrimiento. Estamos frente a una sociedad muy agresiva. Y no se asume desde el momento en que se valida”, concluye Avendaño.