[OPINIÓN] El Estado y el Sename

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[OPINIÓN] El Estado y el Sename

Matías Sanfuentes

Publicado originalmente en La Segunda

Por Matías Sanfuentes

(Texto original)

La calidad de funcionamiento de las instituciones del Estado ha sido puesta en tela de juicio de forma dramática y reiterada en el último año. La crisis que actualmente atraviesan el Registro Civil y el Servicio Electoral se suman al deficitario escenario institucional que muestra el SENAME y las graves fallas que ha revelado en el cuidado de los niños y jóvenes más vulnerables del país. Estos síntomas son indicadores de la escasa preocupación que hemos tenido como sociedad en el abordaje de temas complejos. En este escenario no sorprende que la respuesta inmediata del sistema político y los medios sea exigir las cabezas de los principales responsables, o acusar a los profesionales que trabajan en estas instituciones. Si bien existen responsabilidades individuales que se deben sancionar, también resulta pertinente evaluar el desempeño de estas personas en el marco institucional que hemos construido como sociedad.

La realidad que enfrenta el SENAME resulta particularmente delicada debido a la falta de recursos humanos, económicos y materiales para gestionar adecuadamente una labor de alta complejidad. La reacción mayoritaria ha sido individualizar a los funcionarios del SENAME como responsables de la crisis, sin hacerse cargo del contexto en que este trabajo se realiza. En un estudio financiado por COES (Sanfuentes, Espinoza & Navarro, 2016) sobre los roles que ejercen los profesionales que trabajan en centros de reclusión de administración directa del SENAME, se constatan varios factores institucionales que explican algunos de los problemas de la organización: a) profesionales que enfrentan una tarea atravesada por mandatos inherentemente contradictorios entre las labores de reclusión y reinserción; b) fuertes vivencias de aislamiento en el desempeño de los roles y atomización de las relaciones laborales; c) ante el desmembramiento de los equipos de trabajo, la idealización del propio rol emerge como defensa frente a la ansiedad; d) falta de contención de los profesionales en las dimensiones socio-técnicas involucradas en su trabajo; e) cultura organizacional persecutoria que refuerza un control rígido y burocratizado desde el nivel central, lo que estimula un ciclo de violencia y falta de contención de los jóvenes y equipos de trabajo.

Resolver este difícil escenario no sólo se consigue con la inyección de más recursos económicos, sino que con transformaciones profundas de carácter institucional-legal, como la división del SENAME, y de gestión de los equipos profesionales. Los cambios se deben construir a partir de la experiencia y conocimiento de los profesionales del SENAME, desarrollando prácticas de trabajo que pongan el acento en el sistema y los equipos al interior de los centros. La actual crisis del SENAME al menos ha permitido visibilizar una realidad ignorada por decenios, que hoy exige un trato más responsable y sofisticado de nuestras capacidades.

El Estado y el Sename

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