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[REPORTAJE] Encuentre la diferencia

Publicado en La Tercera, el 7 de junio de 2014

 

Tres hombres. Todos de 30 años, casados y profesionales. Uno se llama Pedro González, otro José Errázuriz y, el último, Andrés Silva. ¿Con qué segmento social identifica a cada uno? ¿En cuál comuna cree que viven? ¿En qué universidad estudiaron? Una encuesta hizo responder esas preguntas a 800 chilenos. Algunos resultados son esperables, otros no tanto.

En 2006 un informe publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hizo un pequeño experimento social: les envió emails a cada uno de los 120 diputados chilenos con una pregunta relativa a su distrito de parte de dos ciudadanos ficticios. La única diferencia de los correos estaba en los remitentes; uno era firmado por José Errázuriz y el otro por Pedro González. El primero, Errázuriz, recibió 31 respuestas. González, 21.

Inspirados en esta idea en el año 2008, la fundación Giro País con la consultora Subjetiva encuestaron a 800 chilenos haciéndole preguntas a partir de tres nombres ficticios. Incluyeron a José Errázuriz y a Pedro González pero agregaron uno más: Andrés Silva. Los consultados sólo sabían sus nombres y que tenían 30 años, estaban casados y eran profesionales de Santiago.

Sergio España, director de Subjetiva, cuenta que los nombres fueron elegidos tratando de vincular a cada uno con un segmento social: Errázuriz al alto, Silva al grupo medio y González al estrato socioeconómico medio-bajo. Y, a grandes rasgos, los resultados reflejaron el peso que tienen los apellidos para los chilenos. Los encuestados situaron en posiciones socioeconómicas bien distintas a los tres personajes. Consideraban que Errázuriz contaba con una serie de privilegios, pero también asociaban a González con varios atributos positivos: era más feliz, tenía más amigos e incluso una mejor vida sexual.

Han pasado seis años desde entonces y los autores del estudio decidieron actualizar los datos. La razón es, según ellos, que los temas de clase y meritocracia han adquirido más relevancia en la agenda y esto podría servir como termómetro para medir si hay cambios en las percepciones. El diseño de la encuesta fue, en general, el mismo, salvo porque se incluyeron nuevas preguntas. En esta nueva versión el 90% de los consultados identificó a Errázuriz en el segmento socioeconómico alto, 85% a Silva en el medio y 60% a González en el medio-bajo, lo que confirma, a grandes rasgos, la tendencia del sondeo anterior.

Tal como demostraba esa primera versión, llevar un apellido u otro sigue teniendo consecuencias, a juzgar por las respuestas de los encuestados, en situaciones prácticas: cuando, por ejemplo, se les preguntaba: ¿a quién atiende mejor un ejecutivo de un banco al pedir un crédito?, la gran mayoría opinó que a Errázuriz. Lo mismo en escenarios donde los tres personajes solicitaban atención en una clínica u hospital, intentaban devolver un producto dañado en una multitienda o al ir a La Moneda. Cuando se preguntaba a cuál sancionaría más duramente la justicia sólo 5% creía que a Errázuriz y 64% optaba por González.

Cuando se les preguntó cuál de los tres personajes era dueño de negocios como un almacén de barrio, un carro de comida callejera o una cadena de supermercados estas asociaciones volvieron a aflorar. “Es como si los apellidos determinaran los roles sociales que tienen las personas”, explica España. El 97% de los consultados creía que Errázuriz era el dueño de la cadena de supermercados. Silva y González empataban con 49,3% como propietario del almacén de barrio y 56% decía que González tenía un carrito de sopaipillas. Algo parecido había descubierto Javier Núñez, investigador de la Universidad de Chile, quien en su estudio de 2007 Dime cómo te llamas y te diré quién eres les pidió a alumnos de Ingeniería Comercial que catalogaran 300 apellidos vascos, europeos no españoles, españoles y mapuches según su origen social. Ahí demostró que los apellidos vascos y europeos no españoles se vinculaban al nivel socioeconómico alto y que quienes los tienen generalmente pertenecen a ese segmento. Una relación positiva, lo llaman.


El gran grupo

Las novedades de esta versión fueron por el lado de González y Silva. La encuesta incluyó preguntas sobre las comunas donde viven los tres personajes, la religión que profesan, la universidad donde estudiaron o su equipo de fútbol. Y acá la percepción varió en relación a la primera versión: “La novedad es que los González se van asimilando a los Silva. Esa es la diferencia con 2008”, explica España, agregando que “disminuye la asociación del apellido González al estrato medio-bajo. Eso demuestra que se ha ido validando esta idea de una gran clase media, que es más inclusiva”.

Las primeras cinco comunas con que se vincula a Silvas y González son las mismas: Maipú (primer lugar en los dos casos), La Florida, Santiago, Ñuñoa y Puente Alto. Son percibidos como católicos, evangélicos o ateos en casi igual proporción. Se cree que estudiaron en la Universidad de Chile, la Usach o la Utem. Y se los considera colocolinos o chunchos.

Esto parece ser la extrapolación de una tendencia que hay en Chile: todos se sienten clase media. “En general cuando a la gente le preguntan a cuál clase social pertenece sobre el 90% dice que es de clase media. Hay una especie de sesgo. Pocos dicen ‘sí, soy rico’ o ‘soy pobre’”, explica Andrés Solimano, economista del MIT. Parte de eso ya se había reflejado en el estudio “¿Qué es hoy la clase media?”, de la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile. Este mostró que hasta los 70 la clase media chilena era un grupo homogéneo, compuesto mayoritariamente por funcionarios públicos y que representaba sólo el 29% de la población nacional, pero que a partir de los 80 comienza a diversificarse y a fines de la década pasada alcanzaba a aproximadamente el 45% de los chilenos. “En los últimos 30 años hubo mucha movilidad social. La generación que hoy tiene 30 años está mucho mejor que como estaban sus padres, lo que se puede medir en educación y ocupacionalmente”, dice Emmanuelle Barozet, doctora en sociología de la Universidad de Chile.

Solimano es escéptico en relación con este crecimiento de la clase media. Argumenta que depende de cómo se mida el progreso social. “Lo que sí ha pasado en Chile es que mucha gente ha salido de la pobreza y pasa a engrosar una seudo clase media, un sector vulnerable que no es pobre ni clase media”, dice el economista. Algo que comparte el sociólogo Sebastián Huneeus, de la Universidad de Chile, quien cree que hoy se confunde movilidad social con la capacidad de acceder a bienes, como una nueva casa, un auto o una matrícula universitaria, lo que se logra muchas veces gracias al crédito. “Esta clase media surge del consumo y el endeudamiento”, agrega Huneeus. Según datos de la Escuela de Gobierno de la Universidad del Desarrollo más del 90% de este grupo tiene tarjeta de crédito y son el segmento literalmente más endeudado, con un 47% que declara tener alguna mora en entidades financieras.


Errázuriz, allá lejos

Otra de las conclusiones del sondeo es que mientras los Pedro González y Andrés Silva se han acercado en las percepciones, las distancias con el ficticio José Errázuriz se han ampliado. Si hace seis años 79% de los encuestados lo asociaba al grupo socioeconómico alto, este año fue el 90%. Para Barozet esto se puede explicar en que la percepción de movilidad social “no se da en estos sectores altos porque para acceder ahí no basta con mejorar económica ni educacionalmente, sino que para ser parte hay que casarse con una persona del grupo y para hacerlo tendría que ser parte de su círculo y haber estudiado juntos”, plantea la socióloga francesa.

Errázuriz es el personaje con definiciones más marcadas en el estudio. La mayoría de las respuestas dicen que vive en el sector oriente: Las Condes (46%), Vitacura (18%), Lo Barnechea (13%) o Providencia (11%). Nueve de cada diez cree que profesa la religión católica, 51% que estudió en la Universidad Católica y 79% que es hincha de la UC. “El hecho de que existan estereotipos tan marcados es señal de algo. La evolución económica y política del país ha sido acelerada pero no ha tenido un correlato en cómo esta elite se ha abierto al ingreso de nuevos miembros”, dice Huneeus, autor del libro Matrimonio y Patrimonio, sobre este grupo en Chile, aunque precisa que no se trata de la única elite surgida en Chile.

Para Solimano esto se suma a que, en términos generales, los distintos sectores de la sociedad transitan por diferentes espacios en términos físicos. Viven en barrios distintos, y por esa razón estudian y consumen servicios principalmente cerca de donde viven. “La sociedad funciona por circuitos separados. Los patrones de segmentación en Chile se han acrecentado y esto ha acentuado las percepciones de quienes no pertenecen a estos grupos acomodados”, dice el economista del MIT.

Otra encuesta hecha por esta consultora presentó a dos profesionales egresados de la misma universidad pero salidos de distintos colegios, uno en Las Condes y el otro en La Pintana. Sólo 40% de los encuestados creía que podían conseguir los mismos logros en el futuro. Aunque en el segmento medio-bajo no había tanto pesimismo: la mitad confiaba en que la comuna no iba a influir.

¿Es esto un reflejo de los prejuicios o del sentido de realidad en los chilenos? “Si por realismo entendemos cómo se mueven las cosas. Sí, hay una noción de realidad. Es una cosa bien extraña, estamos muy empoderados sobre lo que podemos lograr, pero somos realistas en cuanto a que hay un límite sobre el que no tenemos control”, concluye España.