[REPORTAJE] Estudio revela desconfianza de los chilenos en instituciones de beneficencia

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[REPORTAJE] Estudio revela desconfianza de los chilenos en instituciones de beneficencia

Mauro Basaure es Doctor en Filosofía de la Universidad Johann Wolfgang Goethe de Frankfurt.

Publicado originalmente en La Tercera

¿Usted dona su vuelto en el supermercado? ¿Sabe qué se hace con la suma de esos pesos?

Según la Encuesta Nacional de Voluntariado 2015 -realizada por la Fundación Trascender y GFK Adimark- del 92% de los chilenos que dice donar de alguna forma, “dar el vuelto” es el principal mecanismo (65%), mientras ser socio de alguna fundación está en el 15%.

No obstante, el 62% de quienes hacen donaciones manifiesta no saber en qué se gasta su plata. No busca saberlo, porque no le importa o no está realmente comprometido con la causa, o es parte de un problema de transparencia en las instituciones que hace a los chilenos desconfiar, infiere Consuelo Alvear, directora ejecutiva de la Fundación Trascender. “A la sociedad civil nos falta transparentar en qué se gasta la plata donada”, dice.

De acuerdo a Alvear, los datos de la última encuesta de voluntariado revelan que la desconfianza en las instituciones “es transversal” y afecta a la donación y el voluntariado.

Si en 2012, el 16% de quienes decían no donar lo hacían porque desconfiaban de la institución que pedía el dinero, hoy son el 36% y supera al ”no tengo dinero”, como la principal razón para no hacerlo.

Según la encuesta, entre 2009 y 2015 se produjo una baja de 19 puntos en el porcentaje de donaciones a través de colectas y campañas (del 77% al 58%). Y en cuanto a los voluntarios, si bien la cifra subió en comparación con 2014, de 6% a 11%, en los nueve años que lleva la encuesta, el número nunca ha superado el 12%.

“No estamos tan mal”, dice la directora ejecutiva de Trascender, pero es “alarmante que las cifras de voluntariado no varíen”, agrega. Los voluntarios -si bien, la mayoría muy comprometidos- fluctúan marcados por catástrofes, como los incendios en Valparaíso, que el año pasado movilizaron a cientos de ellos. Pero que la cifra no pase el 12%, según Alvear, “habla de que somos una sociedad a la que le cuesta concebir al voluntariado como parte de una participación ciudadana”.

Mauro Basaure, investigador de la U. Andrés Bello y del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), señala que estudios anteriores indican que la desconfianza en Chile va más allá de las instituciones y también tiene un impacto a nivel interpersonal. La encuesta del Coes de este año indicó que el 77% no confía en los demás y el 65% piensa que los otros tratan de aprovecharse, lo que puede afectar a quienes piensan en donar. Por otro lado, “existe una brecha extrema entre pensar y hacer algo. Tener opinión sobre algo no quiere decir que uno actúe sobre eso. Aunque el 73% (en la encuesta de voluntariado) dice que hacerlo es súper bueno para fomentar la participación ciudadana, sólo el 11% lo hace”, dice.

Más independientes

Hoy, uno de cada cuatro voluntarios dice hacerlo de manera independiente, sin pasar por una organización.

“Es el primer año que la encuesta arroja que el 25% de los voluntarios lo hace solo. Esto devela que la preferencia de hacer acciones solos a colectivas, de construir comunidad, se está diluyendo”, sostiene Alvear.

Ese reflejo de una sociedad individualista, sin embargo, ha hecho que hacer voluntariado sea más transversal a las clases económicas, edades y religiones.

La crisis del voluntariado afecta a nivel internacional, indica Basaure, y en ello tienen que ver tanto la individualización creciente en las sociedades modernas, como la escasez de tiempo. “Estamos en una sociedad extremadamente acelerada. La mayoría de las personas se queja de la falta de tiempo, y si no queda tiempo para la familia, qué tiempo va a quedar para los otros”, dice el sociólogo.

La caída católica

Donde se han visto más cambios ha sido en la iglesia. El aumento de la desconfianza en la iglesia católica (la última encuesta CEP señala que el 29% confía en ella, a diferencia del 50% que lo hacía en 2009), ha provocado una baja abrupta de los voluntarios ligados a ella.

Si en 2009, el 50% de quienes hacían voluntariado lo hacía a través de la iglesia, hoy son el 16%. “Todas las encuestas, después del fenómeno de abuso sexual, y ahora peor con lo de Ezzati y Errázuriz, muestran que la iglesia Católica va en picada”, dice Basaure.

Pero Joaquín de la Maza, director de Pastoral y Cultura Cristiana de la Pastoral de U. Católica, dice que, al contrario, han visto un aumento de proyectos y voluntarios en esa y otras universidades, pero sí hay cambios en las motivaciones y expectativas de quienes lo hacen. “No basta con el voluntariado de construir una mediagua. El voluntariado empieza a ser menos grandioso en términos de números, pero más constante”, dice.

Basaure indica que existe una diferencia entre la desconfianza en el país, un fenómeno que se viene dando hace más de 20 años, y lo que ocurre con la iglesia hoy, pues este último caso se debe más a la contingencia. “Si la iglesia logra transformarse, volverá a ganar confianza y con ella las instituciones que dependen o parecen estar ligadas a ella”, asegura.