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[OPINIÓN] Inmigración: muros o puertas

Luis Valenzuela

Por Luis Valenzuela

Publicado en La Segunda

 

Hace poco, Ricardo Hausmann, reconocido economista y profesor de Harvard, se refirió a Chile como un país en el cual todos somos iguales. Demasiado iguales. “¿Por qué Chile no crece? Porque está lleno de chilenos”, apuntó.

De hecho, Hausmann explica que, en Chile, los inmigrantes de países no vecinos tienen cuatro veces más probabilidades de emprender que los chilenos. En EE.UU., por ejemplo, los inmigrantes representan 13% de la población, pero son causantes del 26% de los emprendimientos. Hay muchos otros ejemplos que también concluyen que la inmigración es parte importante de la economía de un país y de sus empleos. Los inmigrantes no les quitan empleo a norteamericanos, como tampoco provocan una baja en los salarios.

Pero otra noticia reciente da una dimensión más profunda y severa respecto a lo que se refiere Hausmann. La encuesta ExpatInsider 2016, realizada entre comunidades de expatriados en el mundo, sitúa a Chile —y a nuestras ciudades— como uno de los países menos deseables para venir a vivir: 45°, entre los 67 países considerados en el estudio. Es además el más bajo en Latinoamérica, muy por debajo de la media del ranking, y está todavía peor ubicado en la categoría Amabilidad. Los chilenos no somos acogedores y tampoco reconocemos que la inmigración es parte del país. Esta es una realidad devastadora en ciudades como Antofagasta, donde los inmigrantes han sido segregados a campamentos. Las comunidades de inmigrantes también son parte muy significativa de las comunas centrales de Santiago.

El debate presidencial en Estados Unidos refleja claramente las formas de enfrentar este desafío. Donald Trump, en su campaña, ha diseñado un muro en la ingenua idea de hacer de su país una fortaleza impenetrable. Hillary Clinton, en cambio, ha hablado de puertas, siguiendo el ejemplo de ciudades como Berlín, que han derribado sus muros y hoy acogen a más de dos millones de refugiados.

Queremos que nuestros barrios se encierren cada vez en muros más altos, y olvidamos que nuestras ciudades tienen barrios con nuevos vecinos. Mientras más nos encerramos, menos crecemos. No sólo desde una perspectiva económica —empleo y emprendimiento— sino también desde una perspectiva sociocultural. Olvidamos que mucho de nuestras ciudades han sido creadas por inmigrantes. En el sector oriente de Santiago, sin ir más lejos, los estadios sociales y deportivos —como el Estadio Español, Stadio Italiano, Estadio Croata, Club Palestino, Club Sport Francés, Club Manquehue, y Prince of Wales Country Club, entre otros— han sido fundamentales en el crecimiento de sus barrios.

Queramos o no, la inmigración es parte constituyente de nuestra sociedad. De cómo la integremos dependerá, en buena parte, cómo disminuirá la segregación que separa los espacios de nuestras ciudades.