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El Mercurio Constance Flanagan "La participación política de los jóvenes comienza a gestarse mucho antes de votar"

El Mercurio Constance Flanagan "La participación política de los jóvenes comienza a gestarse mucho antes de votar"

Por Paula Leighton N.
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Padres y colegios son claves para impulsarla desde la adolescencia. La cercanía de las elecciones es una coyuntura que vale la pena aprovechar. 

A una semana de las próximas elecciones presidenciales, el fantasma de la abstención y baja participación ciudadana flota en el aire, especialmente cuando se trata de los más jóvenes. Y hay razones para inquietarse.

En las elecciones municipales de 2016, dos de cada tres personas no ejercieron su derecho a voto, mientras que en los comicios presidenciales de 2013, la abstención llegó a 50%.

Y si bien el “Estudio Internacional de Educación Cívica y Formación Ciudadana” que se aplicó a estudiantes de 8° básico de 23 países reveló esta semana que los escolares chilenos presentan un conocimiento en temas cívicos significativamente más bajo que el promedio de la muestra, pareciera que hay esperanzas en revertir la apatía política entre quienes aún no tienen derecho a sufragio.

Así al menos lo plantea la psicóloga Constance Flanagan, experta en involucramiento cívico juvenil y decana asociada de la Escuela de Ecología Humana de la U. de Wisconsin-Madison (EE.UU.).

“Incluso antes de que los jóvenes tengan derecho a voto, hay muchas formas en que se puede incentivar la educación cívica”, dice la autora del premiado libro “Teenage Citizens” (“Adolescentes Ciudadanos”, Harvard University Press, 2013), quien dictó esta semana una charla magistral en la conferencia Vínculos Sociales y Ciudadanía, organizada por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social-COES, en la sede de Viña del Mar de la U. Adolfo Ibáñez.

En conversación con “El Mercurio” entregó algunas sugerencias para incrementar el potencial que se desprende del mencionado estudio de Educación Cívica. Por ejemplo, el 40% de los escolares encuestados declara hacer voluntariado y 38% ha hecho campaña por un tema.

“En términos de desarrollo psicológico, integrar organizaciones que contribuyan a la comunidad o apoyen a personas más desfavorecidas lleva a los niños a generar un sentido de participación social que los hace ir más allá de su propio círculo y hacerse preguntas sobre las desigualdades o diferencias. Este tipo de hábitos, que conectan su propia vida a la vida de otros, son un gran predictor de que al convertirse en adultos votarán o tendrán un rol cívico”, señala Flanagan.

Voto a los 16 años

En ese sentido, agrega, la conexión emocional y el deseo de contribuir a una causa conforman la base más importante para generar un interés cívico. Sin esta vivencia, toda la teoría que se pueda enseñar en una clase de educación cívica será insuficiente para generar una pasión por la participación ciudadana.

Flanagan plantea que el colegio es un espacio privilegiado para sembrar la semilla de la participación ciudadana. “Una vez que empiezas a votar, sueles continuar haciéndolo”. Por eso, postula que el derecho a sufragio se debería ejercer desde los 16 años, experiencia que ya se aplica en algunas ciudades estadounidenses para elecciones locales.

“Si iniciamos el proceso cuando los estudiantes aún están en educación media, tenemos un público cautivo con el que podemos generar discusiones sobre temas de política local y de su comunidad, crear debates en el aula, que aprendan cómo y dónde votar. De esta forma se vuelve parte de su aprendizaje escolar y un hábito que los jóvenes se llevarán más allá del colegio”.

La experta agrega que “un gran predictor de la primera vez que votas es que tus padres voten y que lo hagan tus pares”. Si se considera que las comunas de menor nivel socioeconómico tienen menor participación en las elecciones, el rol del colegio y los compañeros se vuelve más crítico para reducir la brecha social en la participación ciudadana.

La cercanía de las próximas elecciones es una buena oportunidad para que la familia haga partícipes a los hijos sin derecho a voto. Una forma de hacerlo, propone Flanagan, es preguntarles a los adolescentes qué cosas les parecen importantes o les preocupan, ¿igualdad en educación, temas ambientales, etc.?

Una vez que definan su posición, pueden ver en las páginas web de los candidatos qué plantea cada uno y tener discusiones al interior de la familia o en la sala de clases.

“Lo interesante es que ellos vean que las autoridades electas toman decisiones que los afectan a ellos y a sus conocidos, y eso los hará ver por qué estos procesos deberían preocuparles”, concluye.