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[OPINIÓN] Las distintas caras de la violencia en Chile

Publicado en La Segunda

Por Monica Gerber y Héctor Carvacho

La violencia ha sido un recurso utilizado en todas las sociedades con distintos fines: para resolver conflictos, para establecer dominación social, para controlar a ciertos sectores de la población o para intentar cambiar el orden social imperante. Con el tiempo, las sociedades han generado mecanismos centralizados, racionales y eficientes del uso de la violencia, permitiendo una disminución global de sus niveles.

Sin embargo, distintas situaciones de violencia ocurren cotidianamente en Chile: linchamientos a personas que han cometido delitos, represión policial en manifestaciones o contra el pueblo mapuche, violencia por parte de manifestantes, violencia de género, entre otros. Estos hechos nos motivaron a estudiar las circunstancias bajo las cuales los chilenos aprueban o desaprueban el uso de la violencia en un reciente trabajo del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES). Los resultados del estudio muestran la complejidad del fenómeno de la violencia y cómo su aceptación varía dependiendo de una amplia gama de factores.

¿Aprueban la violencia las chilenas y chilenos? Depende: la aceptación de la violencia varía según la situación, el nivel de agresión y el fin buscado. Mientras existe bastante aceptación de la violencia ejercida contra personas que han cometido delitos (castigos penales y linchamientos), existe un rechazo de la violencia excesiva en el contexto de protestas (tanto de la violencia llevada a cabo por Carabineros como manifestantes) y un repudio generalizado hacia la violencia de género.

¿Quiénes aprueban más la violencia? Depende: a diferencia de lo que a veces se piensa, la violencia no parece ser un fenómeno de izquierda o de derecha, ni de clase social baja o de clase social alta. Mientras personas de izquierda justifican más la violencia que tiene el propósito de conseguir un cambio social (por ejemplo, el bloqueo de calles en huelgas), las personas de derecha aprueban más los actos violentos que buscan el control social y la mantención del statu quo (por ejemplo, castigos penales más severos y linchamientos). A su vez, mientras las personas de clase alta justifican más la violencia laboral (que un jefe le grite a un empleado), las personas de clase baja toleran más la violencia en la pareja (que un marido abofetee a su esposa).

Estos resultados invitan a estudiar las razones que llevan a justificar la violencia. Nuestros análisis sugieren que uno de los factores relevantes tiene relación con las percepciones de discriminación que sufren algunos grupos en ámbitos como educación, salud y justicia. Los grupos que perciben mayor discriminación tienden a justificar en mayor medida los linchamientos y la violencia de trabajadores para lograr el cambio social. Este resultado preocupa ya que sugiere que una sociedad que excluye y discrimina a ciertos grupos puede llevar a una mayor tolerancia de la violencia y, probablemente, a una mayor prevalencia de prácticas violentas.