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[NOTA] Investigador COES presentó resultados del Observatorio de Conflicto 2015-2016 en II Cátedra de Investigación Santiago

Publicado originalmente en la web UNAB

El investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social-COES y académico del Instituto de Sociología de PUC, Nicolás Somma, destacó aspectos como las tácticas que se utilizan para canalizar el conflicto y que impactan en la opinión pública y el apoyo de actores políticos.

En Chile, los conflictos laborales son los más numerosos, aunque los vinculados al sistema de pensiones son los más masivos. Mientras en las localidades con menos votantes la conflictividad es más intensa.

Estas son algunos de los principales resultados que arrojó el Observatorio de Conflictos 2015-2016 que realiza el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, COES. Un informe que se elabora a partir del análisis de la cobertura de prensa realizada a eventos de protesta, por parte de tres periódicos de circulación nacional, 13 medios regionales (digitales e impresos) y dos radios de alcance nacional.

Los resultados de este análisis fueron presentados por el Dr. Nicolás Somma, investigador del COES y profesor asociado del Instituto de Sociología de la P. Universidad Católica de Chile, en la Cátedra de Investigación Santiago 2017. Esta es la segunda clase magistral que al año organizan la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales y el Doctorado en Teoría Crítica y Sociedad Actual (TECSA) de la UNAB junto al COES.

La ponencia “Disputando Mitos: resultados Observatorio de Conflicto 2015-2016” fue comentada por el Dr. Mauro Basaure, director del Doctorado TECSA UNAB e investigador COES. El académico valoró la incorporación de fuentes periodísticas regionales en este análisis, ya que problematiza la intermediación que tienen los periódicos respecto de lo real para el trabajo científico.

 

Resultados

El Dr. Somma explicó que el Observatorio COES está basado en varios antecedentes nacionales, como el Observatorio de Huelgas Laborales COES, el proyecto “Dinámicas de la protesta colectiva en Chile 2000 – 2012” y fuentes internacionales como el proyecto Dynamics of Collective Action – EE.UU. y el informe PNUD “La protesta social en América Latina”.

El instrumento tiene como principal unidad de observación las acciones contenciosas entendidas como “manifestación pública en un tiempo y espacio físico”. Para ello contempla más de 30 variables, como fecha, lugar, número de participantes, grupos, demandas, tácticas, represión y blancos, entre otros. Entre 2015 y 2016 el Observatorio analizó 4.043 acciones contenciosas en todo el país.

“El análisis del Observatorio ha demostrado que las acciones contenciosas han aumentado exponencialmente de 1.569 acciones en 2015 a 2.464 en 2016. Existe también una estacionalidad: en 2015 la mayor cantidad de estas acciones se concentró entre abril y septiembre, mientras en 2016 fue de mayo a julio. Esto se diferencia de acuerdo al tipo de demanda, por ejemplo, las educativas tiene su momento más alto en junio, las laborales en mayo y noviembre y los derechos de género e inmigrantes, en octubre”, detalló el Dr. Somma.

A su juicio, el impacto de estas acciones depende en gran medida de la cantidad de acciones y participantes: 53% son pequeñas (100 o menos personas) mientras solo el 2% tiene más de 10.000 personas y el 0,7% más de 50.000 personas.

 

Por región

La Región Metropolitana presenta mayor número de acciones contenciosas en el país con un 62%. También allí se concentra la mayor cantidad de asistentes, con un 58%. En cantidad de acciones le siguen las regiones de Aysén, Atacama y Los Ríos.

Los diez grupos que más realizan acciones contenciosas son trabajadores del sector público (27%), trabajadores sector privado (11%) y trabajadores cuenta propia/pymes (8%). Por tanto, el grupo trabajadores genera más acciones con un total de 46%. Los universitarios, en tanto, alcanzan el 9% mientras, vecinos/locatarios, hombres y encapuchados llegan al 7% cada uno.

Quienes convocan mayor asistencia son los asistentes a acciones convocadas por LGBTI + derechos humanos con 9.000 asistentes promedio, que posiblemente se vinculan a las marchas “ni una menos” y por la diversidad sexual. Le siguen los grupos religiosos con 7.000 asistentes, que coincide con las marchas contra la despenalización del aborto.

Somma también destacó que el 64% de las acciones van dirigidas al Gobierno o autoridades nacionales, el 21% a Gobierno o autoridades locales y 17% a empresas privadas.

Otro aspecto relevante, dijo, es que muy pocas acciones se desarrollan bajo el nombre de organizaciones (41% sin organización), aunque las más masivas cuentan con más presencia organizacional (47% con 2 o más organizaciones).

Dentro de las principales motivaciones están las demandas laborales (36%), demandas educacionales (13%), demandas indígenas por territorio, cultura o reconocimiento (6%), reformas previsionales (5%) y demandas ambientales y de localidades afectadas (8%). Mientras las demandas que aparecen con menos frecuencia son salud gratuita (00.3%), derechos de personas homosexuales (0.03) y nutrición o hábitos saludables (0.03%).

“Las tácticas que se emplean para canalizar el conflicto son importantes de abordar en la medida en que impactan en la opinión pública y el apoyo de los actores políticos hacia los grupos que se están movilizando”, expresó Somma. Dentro de las tácticas que se emplean las pacíficas se expresan en 49%, disruptivas no violentas 43% y las violentas 8%. En este último punto, el observatorio solo recoge  la represión en el lugar de la contención.

 

Comentarios

Mauro Basaure comentó la conferencia de Nicolás Somma buscando ponerla en un marco global de análisis sobre la relevancia de este tipo de estudios para hacerse una imagen, incluso geográficamente determinada, de los temas, de los tiempos, de las formas, de las composiciones y los destinatarios de los eventos de protesta en Chile. Frente a la crítica posible de que una imagen de este tipo, altamente diferenciada y detallista pierda de vista la centralidad de ciertos tipos, constituyentes de los principales conflictos en Chile.

Basaure señaló la relevancia que tiene y tendrá el trabajo de agregación y análisis que permita, de modo plausible, llegar a conclusiones más globales sobre por ejemplo, si en Chile priman conflictos de carácter materialista o post materialistas, si son más relevantes cuestiones de re distribución o reconocimiento.

Pero sobre todo, Basaure pide no olvidar que este tipo de estudio pueden ser pensados como un especie de panel de conflictos, en el sentido de que al constituir series que abarquen largos periodos de tiempo, como ocurre en otro países del mundo desarrollado, dicha imagen permitirá, además, descubrir tendencias de más largo plazo, de modo que, lo episódico y altamente diferenciado de la imagen que se tiene hoy día puede llegar a mostrar los grandes conflictos en la sociedad Chilena.

En resumen, a su juicio, la continuidad de este tipo de trabajo, que permita tanto ir hacia atrás mediante el análisis de archivos, como hacia adelante en los años, junto al trabajo de agregación basado en categorías sociológicas, es la gran tarea por cumplir y que llena de expectativas sobre los posibles productos futuros de este estudio.

Por otro lado, Basaure felicita la ampliación a nivel regional de las fuentes periodísticas y junto con ello problematiza la intermediación que tienen los periódicos respecto de lo real para el trabajo científico. Estas tres instancias, realidad social, medios y ciencias sociales, deben ser pensadas en su carácter dinámico y complejo, pues como se puede decir que la compleja realidad de los eventos de protesta a nivel nacional no se ve reflejada en los medios periodísticos pretendidamente nacionales, de manera que se genera un sesgo cognitivo centralista importante, del mismo modo, esos medios de cobertura nacional tienen un fuerte poder de configuración de realidad, cuestión que no se puede ignorar.

Este tipo de estudios debe, por tanto, considerar ambas dimensiones: tanto la relevancia de la diversidad y complejidad de la realidad social de la protesta con la ayuda de periódicos regionales, contra el sesgo de selección que producen los periódicos pretendidamente nacionales como, por otro lado, los efectos performativos de producción de realidad que estos tienen y sus efectos en las percepciones de los ciudadanos.