[OPINIÓN] Selección en particulares y la complicidad de los psicólogos

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[OPINIÓN] Selección en particulares y la complicidad de los psicólogos

Juan Carlos Castillo

Por Juan Carlos Castillo, subdirector de COES
Publicada originalmente en El Mostrador

Abril 2014, voy a una “charla informativa” de un colegio particular donde explican el proceso de selección de niñas y niños para prekínder. Es un colegio de colonia, europeo, y mientras escucho, trato de imaginar de qué manera los representantes de este colegio pueden resolver una inmensa disonancia: provenir de la educación pública europea, y tener que defender la selección de niños y niñas en Chile bajo la bandera de un país extranjero donde no se selecciona. En fin, luego de la correspondiente presentación de un proyecto educativo que se debate entre la formación de “sujetos integrales” y a la vez altos puntajes SIMCE y PSU, viene el momento de la psicóloga. Entonces, ella explica el proceso de selección de los niños y niñas, consistente en una o dos jornadas de observación y evaluación para poder concluir cuánto se adaptan al proyecto educativo del colegio. Y luego, bueno, también hablan de entrevistas a los padres, sus currículos, liquidaciones de sueldo, etc. No puedo dejar de pensar en la época feudal y los derechos de cuna, o en Darwin y la selección natural. Pero no, estamos hablando de Chile 2014 y de las y los futuros ciudadanos de nuestro país (de 3 o 4 años), que ingresan al dispositivo de la selección que finalmente le dirá a una minoría que son aptos, y al resto, que siga participando. Ante el shock, me abstengo. Dejemos la postulación mejor para el próximo año, mi hijo recién había cumplido tres y me parece demasiado pequeño para pasar por todo esto.

Acaba de terminar un periodo legislativo crítico en relación a la selección, que finalmente no abordó la selección de niñas y niños en colegios particulares, y me parece que corresponde reflexionar sobre el lugar de las psicólogas y los psicólogos en este proceso. La administración de los colegios privados descansa en las credenciales de estos profesionales, que entregan un baño de conocimiento científico y de validez a los procesos de selección. Ya no es sólo el colegio el que arbitrariamente discrimina entre quien es apto y quien no, ya que esto sería absolutamente impresentable, políticamente incorrecto, casi eugenésico. Ahora se cuenta con profesionales, quienes han estudiado muchas veces en las mejores universidades, incluso con magíster, y que se pasean por las salas para definir qué niñas y niños son los más aptos para que el proyecto educativo del colegio realmente funcione.

A pesar del halo de misticismo que la envuelve, la psicología es una disciplina científica, lo que a grandes rasgos significa que contrasta supuestos con la realidad de manera sistemática. Al respecto, no existe ningún respaldo que los procesos de selección basados en observaciones y pruebas a niñas y niños de tres y cuatro años –por los que además hay que pagar– posean una relación con el rendimiento académico futuro, ni tampoco respecto a la adecuación de niñas y niños a proyectos educativos determinados. Repito: no existe evidencia respecto de la validez de los procesos de selección de niñas y niños. Si existe algún estudio serio al respecto, por favor, pido a los implicados darlo a conocer. De otra manera, estamos sólo frente a la complicidad de profesionales en un proceso que no selecciona niñas y niños, sino que los utilizan como excusa para seleccionar padres, tipos de familias y tamaños de chequeras.

Nuestros legisladores lo saben (o deberían saberlo), varios expertos ya lo han dicho claramente, pero algunos insisten en que está bien que niñas y niños se vean expuestos a estos procesos. El argumento se relaciona con los derechos de privados, que pueden hacer lo que quieran aun cuando estamos hablando de bienes públicos, como lo es la educación. En parte tienen un punto, ya que la postulación a los colegios privados es voluntaria y estos colegios se asemejan muchas veces más a un club que a una institución educativa, con cuotas de incorporación y privilegios a parientes. Pero aquí estamos hablando de niñas y niños, y como ciudadano espero una protección por parte del Estado ante procesos en que nuestros hijos son calificados como aptos o no aptos en una institución que provee un bien público. Por lo tanto, creo que es necesario regular y trasparentar todo esto: los colegios privados podrán elegir tipos de padres, tipos de familias y cuentas corrientes (que es lo que de todas maneras vienen haciendo hace tiempo), pero al menos dejemos a niñas y niños y psicólogas y psicólogos fuera de esto.

Hago un llamado a psicólogas, psicólogos, escuelas de psicología, asociaciones profesionales y Colegio de Psicólogos a no avalar este tipo de procesos. Le hace mal al país, y me imagino que puede también implicar problemas de ética profesional el hacerse parte de decisiones que no se basan en conocimiento académico (y que adicionalmente repercuten fuertemente en la vida de otras personas). Y un segundo llamado a la Democracia Cristiana, que en el Senado finalmente se pasó a la otra vereda y dejó fuera del proyecto este tema. Con esto, lo que nos están diciendo es que el Estado no tiene por qué proteger a nuestros hijos de las arbitrariedades de los procesos de selección. O sea, me están diciendo que en Chile está bien que se utilicen criterios arbitrarios para la provisión de bienes públicos. Es decir, también una Isapre, institución privada que provee un bien público como es la salud, podría decidir eventualmente adecuar sus planes al tono de la piel de los beneficiarios, a su estatura, o a un proceso de selección sobre la base de la observación de los potenciales clientes.

Pienso en este último ejemplo irónico de las Isapres, y me parece algo triste tener que escribir una columna argumentando algo que creo de sentido común. Pero a la vez pienso que se van dando pasos importantes; si la reforma avanza en la dirección correcta ya no va a haber selección de niñas y niños en colegios públicos ni subvencionados, y esperemos que los privados dejen de hacer pasar a niñas y niños por un proceso arbitrario y transparenten lo que realmente están seleccionando (padres). Si esto ocurre, podremos decir finalmente y con orgullo que en Chile no se selecciona a las niñas y los niños en los colegios. De todas maneras, será algo lento y mi hijo quizás tendrá que pasar este año por procesos de observación, pruebas y psicólogos o psicólogas. Mi único consuelo es imaginarme que cuando sea grande, le pueda decir: “Sabes, Simón, cuando tú eras chico se permitía seleccionar a niñas y niños para entrar a prekínder”, y que él se muera de la risa.