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[COES PRESENTA] Vicente Espinoza

Vicente Espinoza

En esta oportunidad conversamos con Vicente Espinoza Investigador Asociado de la línea Geografías del Conflicto de COES y Profesor Titular del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago (USACH). Ha sido investigador de múltiples proyectos FONDECYT. Además, participó del proyecto Anillos-CONICYT “Desigualdades”. El 2011 Vicente fue titular de la Cátedra Andrés Bello en la Universidad de Leiden. Vicente es autor de innumerables libros y artículos en revistas académicas nacionales y extranjeras.

¿Cuáles son las principales preguntas de investigación que abordas en COES?

Mi preocupación principal se refiere a la cohesión social en la sociedad chilena, vale decir la calidad de los vínculos sociales expresada en el reconocimiento de los miembros de una sociedad, la reducción de las diferencias y la operación de principios de justicia en el destino de las personas. En Chile la cohesión social ha sido visualizada como un déficit, expresado en niveles crecientes de desconfianza de la población en las instituciones y el modelo de desarrollo, así como la desigualdad y segregación entre grupos sociales.

Mi posición toma distancia de la visión dominante en el debate intelectual chileno que tiende a tratar la cohesión social como un problema de legitimidad, vale decir, la ausencia de un consenso moral o la dificultad para resolver diferencias normativas. Este abordaje deja fuera de discusión las relaciones sociales que constituyen el sustento estructural de la cohesión social.

En un plano más general, puede conjeturarse que en Chile, las debilidades de la cohesión social expresan la operación en el largo plazo de redes homogéneas basadas en lazos familiares, cuyo correlato lo constituyen procesos de exclusión, segregación y desigualdad a nivel global. La ausencia de vinculaciones entre círculos sociales diversos reduce la cohesión social, los procesos de movilidad y, en general, la capacidad inclusiva de las sociedades. La inercia de la sociabilidad hacia las vinculaciones familiares podría resultar contrarrestada, sin embargo por la acción de políticas públicas y decisiones familiares que fomentan la exposición a la diversidad social, en particular por medio del acceso a la educación universitaria.

Actualmente dirijo un proyecto Fondecyt sobre este tema en el cual participan los investigadores del COES Matías Bargsted y Matías Garretón. El proyecto utiliza la encuesta panel ELSOC lo cual permite tratar la evolución en el tiempo de las redes sociales. Este forma de análisis de las redes sociales constituye una innovación a escala mundial.

¿Cuál crees que podría ser el aporte a la sociedad de tu investigación? ¿Podría ser aplicado a políticas públicas, por ejemplo?

Desde el punto de vista intelectual mi investigación está encaminada a ofrecer una explicación de la cohesión social que no tenga su base casi exclusiva en los valores, sino que parta de las pautas de interacción social. En gran medida se trata de investigación básica, que no está destinada a desarrollar aplicaciones inmediatas. De todas formas, aunque mi proyecto actual no se refiere directamente a ello, son conocidas las asociaciones de la calidad de las redes sociales con la mejoría de la convivencia y el bienestar personal.

En cuanto a política pública… Aunque no hay un ministerio que se dedique a estos temas, puedo señalar que, durante 2015 participé en el diseño de la sección Redes y Cohesión Social para la encuesta CASEN –el nombre no es casual. En la CASEN de 2013 habían intentado medir las redes de apoyo social con un resultado insatisfactorio. Mi propuesta logró, por primera vez, identificar de forma adecuada las redes sociales de los hogares en el marco de una medición multidimensional de la pobreza. Un segundo aspecto práctico de mi investigación tiene que ver con el “capital social”, vale decir con el rendimiento de las relaciones sociales en el logro de objetivos instrumentales o expresivos. Concretamente me interesa el papel de las relaciones sociales en el logro ocupacional, lo cual está asociado a la calidad de los mercados de trabajo y las posibilidades de movilidad social.

¿Cómo llegaste a COES?

Con María Luisa Méndez, Emmanuelle Barozet y Javier Núñez habíamos participado en un proyecto Anillo sobre desigualdad social y buscábamos una oportunidad para darle continuidad. María Luisa, que asumió la dirección de la línea de Geografías de Conflicto, me invitó a incorporarme en ella.

¿Cómo ha sido la experiencia de estar en COES?

COES ofrece una oportunidad insuperable de interlocución para mis intereses académicos. (…)  Espero convocar a los investigadores del COES a un seminario teórico y aplicado sobre la contribución del análisis de redes sociales al análisis de la cohesión y el conflicto social.

¿Podrías contarnos una experiencia que te haya marcado para investigar en el tema que abordas?

La pregunta se puede responder en varios niveles. La forma en la cual se expresaban y desarrollaban las relaciones sociales me intrigaron desde niño; por ejemplo en las fiestas familiares o en los mundos diferentes que conocía a través de amigos, en el deporte, el excursionismo o los trabajos voluntarios. Me atraían las historias de vida tan diversas que portaba cada uno y diría que esta experiencia me forjó una sensibilidad especial por las redes sociales.

Ya más profesionalmente mi interés por las redes sociales tiene que ver con la dimensión comunitaria de los movimientos sociales, en particular los pobladores. Una explicación recurrente de los movimientos sociales los concibe como el resultado de una desorganización social radical. En Chile la elite política aceptó esta explicación de las protestas democráticas de los 1980s y sigue hasta hoy tributando a esta forma de entender el conflicto social. Decidido a investigar empíricamente este vínculo entré en la tradición de los estudios comunitarios norte-americanos que, vía Barry Wellman, me llevaron hacia el análisis de redes sociales. El tema sigue teniendo actualidad porque las explicaciones de deslegitimidad del sistema político también razonan sobre una supuesta desorganización social.

¿Cuál ha sido la principal desventaja o dificultad que has enfrentado en tu carrera académica?

La principal desventaja de mi carrera, sin duda: la dictadura cívico-militar encabezada por Pinochet. En esos años, las ciencias sociales no solamente eran miradas con sospecha, sino que excluidas y perseguidas, rompiendo los vínculos con la reflexión y desarrollo en el resto del mundo. Ya mostré en un artículo que, en el estudio de las redes sociales, la reflexión chilena y latinoamericana antes del golpe iba a la par de las elaboraciones que al respecto se hacían en el resto del mundo. (ver “Genealogía de los usos actuales del análisis de redes sociales en Latinoamérica”. Pp. 18-65 en Redes. Enfoques y Aplicaciones del Análisis de Redes Sociales (ARS). Editado por José Ignacio Porras y Vicente Espinoza. Ediciones Universidad Bolivariana. 2005)

Es justo decir que esto ocurrió no solamente en Chile sino en América Latina. Asociado con esto –y me cuido de no decir a raíz– cambió el centro de gravedad de la reflexión sobre América Latina convirtiendo a los Estados Unidos en el gran centro de pensamiento sobre América Latina, que desplazó a Sao Paulo y Buenos Aires. Las ciencias sociales creo que aún no terminan de absorber este impacto.

En un plano más personal, para mi desgracia, me gustaba la sociología. Intenté estudiar otra carrera, pero volví, aún en las condiciones desventajosas de la época, a continuar con mis estudios de sociología. En parte para compensar las desventajas de formación es que decidí profundizar en la sociología en mis estudios de postgrado, con un foco en el análisis de redes sociales.

¿Cuál consideras que ha sido el mayor logro en tu carrera como investigador? ¿y el mayor fracaso?

Me gusta decir que mi mayor logro es que haya salvado un par de manzanas de una población de Santiago de la picota inmobiliaria. La historia es que hacia fines de los 1990s, en el marco de un proyecto de la municipalidad de Santiago con el Atelier de Urbanismo de París para rescatar el valor patrimonial de Santiago poniente, los responsables se dieron cuenta que la comisión de historiadores, arquitectos y expertos a cargo de seleccionar hitos urbanos consideraba patrimonio solamente las edificaciones que constituían símbolos de poder y dominación: los edificios de gobierno, las iglesias, los palacetes de los notables del siglo XIX… Dado que yo había escrito una historia social de Santiago (ver Para una Historia de los Pobres de la Ciudad. Ediciones SUR 1988, reeditado por DIBAM en Memoria Chilena 2007) me pidieron hacer una propuesta en la cual identificara elementos del patrimonio popular. El resultado son esas dos manzanas que siguen ahí, en San Pablo con Ricardo Cumming.

Fracasos hay muchos, unos más grandes que otros. Por su relevancia para motivarme a realizar estudios de doctorado mencionaría la derrota política que significó perder el Congreso Unitario de Pobladores en 1985. Esa historia la relato y la reflexiono en la reedición de Pobladores. Luchas sociales y democracia en Chile, escrito en conjunto con Francois Dubet, Eugenio Tironi y Eduardo Valenzuela (ver Ediciones UAH 2016).