[NOTA] Sesión 2: ¿Cómo re-presentar a Pinochet y nuestra historia reciente en el Museo Histórico Nacional?

[OPINIÓN] Las “pequeñas humillaciones” que fundamentan el malestar social
2018-07-13

[NOTA] Sesión 2: ¿Cómo re-presentar a Pinochet y nuestra historia reciente en el Museo Histórico Nacional?

El martes 10 de julio, en la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, se realizó la segunda sesión del ciclo de foros especiales “Representaciones de la historia reciente y perpetradores en museos del Estado: Límites, Desafíos y Dilemas”, en el marco del Coloquio Memorias en conflicto del COES.

Este ciclo de foros surge a partir de la polémica provocada por la exposición del Museo Histórico Nacional “Hijos de la libertad”, en la cual se incluyó la imagen del dictador Augusto Pinochet y una frase de su autoría sobre la libertad, junto a otros personajes históricos.

En esta ocasión presentaron sus posiciones quienes han participado de la polémica y debate posterior a través de entrevistas o columnas que aparecieron en los medios de comunicación: Luis Alegría, profesional del Museo Histórico Nacional, y curador de la muestra, Francisco Estévez, director del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, y Mauro Basaure, investigador asociado de COES y Director del Doctorado en Teoría Crítica y Sociedad Actual TECSA, Universidad Andrés Bello.

La segunda sesión de este ciclo de foros especiales ha continuado la reflexión sobre el lugar de los perpetradores en espacios públicos, como son los museos de historia nacional, entendiendo la responsabilidad que tienen éstos en la formación de un discurso oficial, aunque no necesariamente monolítico, sobre el pasado. Para ello el ciclo de foro propuso las siguientes preguntas orientadoras:¿Cuáles son los límites y dilemas éticos que enfrenta un espacio de memoria oficial frente a conflictos políticos de gran violencia? ¿Cómo pueden enfrentarse estos desafíos para que ello sea un aporte a la profundización de la democracia y del debate público? ¿Cómo se pueden representar los perpetradores de violaciones a los DDHH en un espacio museal? ¿Cuáles son los límites de la provocación necesaria de una muestra crítica? ¿Cuál es la experiencia internacional? ¿Qué estrategias pueden implementarse para canalizar y promover los debates que suscitan las exposiciones?

Luis Alegría estuvo a cargo de abrir la sesión, con una presentación titulada “Los límites de la política museológica: el museo, la memoria y los proyectos sociales”. Tomando en cuenta los planteamientos de Luis Gerardo Morales, Pierre Bourdieu y Jean Luis Deótte, enfatizó en el carácter político que concurre en los museos y su potencialidad identitaria. Con ello invitó a preguntarse por los efectos de la exposición, lo que en su opinión manifiesta una disputa por la hegemonía cultural en torno a la narrativa del pasado reciente, aludiendo a la nota aparecida en el diario The Clinic, en la cual se proponía un enfrentamiento entre el Museo Histórico y el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Se trataría de una contienda que finalmente se resolvió a favor del último.

Siguiendo a Bourdieu se trataría de una disputa por temas y formas narrativas en el campo museal, donde se disputa lo bueno y lo malo, lo feo y lo bello, en toro a lo cual se erigen voces autorizadas que vigilan lo que se dice, cómo se dice y lo que se puede decir.

En este sentido la exposición habría avanzado en un tema que resulta de monopolio de otros espacios, como sería la figura de Pinochet como representante del régimen y sus crímenes. En virtud de las limitaciones temporales del guión del Museo Histórico, esta figura no se encuentra allí, pues éste no incluye el período de la dictadura. Alegría propone que, en este contexto, lo que está en disputa, no es únicamente la representación de los perpetradores de violaciones a los DDHH en dictadura, sino la posibilidad de construir narrativas históricas que desacralicen a las víctimas como las únicas autorizadas a dar cuenta del pasado. La cuestionada exposición buscaba justamente desestabilizar, mediante una provocación, aquel relato. La censura a la exposición implicaría, así, la derrota de la historiografía por la memoria, representada esta última en el campo museal por el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, donde la posición de la víctima ha monopolizado el ejercicio de recuerdo.

A su vez, Alegría advierte que los cuestionamientos en torno a la transgresión de los límites éticos que habría efectuado la exposición no habrían estado presente con otros episodios que podrían parecer más flagrantes, como la instalación de una estatua de un miembro de la junta militar en el frontis del Museo Naval en Valparaíso.

Agrega también que son muy pocos los espacios en que actualmente las nuevas generaciones están en contacto con una representación de la dictadura, y que la exposición intentó introducir este tema sin éxito mediante el recurso de la irreverencia histórica.

Finalmente, hizo notar que hoy hay dificultades para inscribir el pasado en el presente, debido a la pervivencia de la violencia del Estado en el presente y la relación establecida entre la dictadura y la sociedad. Esto último ha sido abordado por autores en otros países, quienes lo han relacionado con el consenso social con los regímenes autoritarios.

A continuación Mauro Basaure, abordó ideas tratadas en las columnas publicadas en medios de comunicación, a partir de la pregunta ¿Porqué hacer algo tan contra intuitivo como ubicar a Pinochet en la tradición libertaria en el país? Responde que son varias las posibilidades de respuesta, entre ellas la de la provocación derivada de la irreverencia histórica, que abre un debate en el marco de un museo de historia nacional. Pero sin duda resulta grotesco situar personajes disímiles aunque puedan haber estado inspirados por la misma idea. Propone compararlo con ubicar a Martin Luther King y Hitler en un museo del protestantismo inspirados por Martin Lutero.

Argumenta, que en el caso del Museo Histórico la provocación fue demasiado lejos y tuvo consecuencias: abrió un interesante debate que no giró en torno a la censura y la libertad de expresión, sino sobre cómo abarcar la figura de Pinochet en un espacio museal. A la vez expresó que Pinochet no puede presentarse sin excluir la dimensión de la monstruosidad. Finalmente, la controversia ha demostrado la importancia de la institución museal, sobre todo de los museos nacionales, junto a otros espacios de representación del pasado, como son las series de televisión, reportajes y películas. Los espacios museales tienen además una pretensión de mostrar una imagen sobre los connacionales que además se muestra a extranjeros.

En cuanto al carácter monstruoso del dictador, Basaure vuelve sobre el argumento entregado en una columna anterior, indicando que con este concepto apela al daño físico y moral que infringió. Sin embargo, descarta un significado que lo identifique con lo excepcional, lo extraño o rareza. En ese sentido, su figura no debe ser reducida a la del horror, sino que debe representarse en su mutidimensionalidad. Sin embargo, propone que toda representación de la dictadura debe ser contrastada con imágenes y documentación de los crímenes. Es decir, no se trata de dejar de representar diversas dimensiones de la dictadura, sino que ellas siempre se acompañen con la de los crímenes, atendiendo a límites fundamentados en la supremacía de los derechos humanos.

Basaure identifica tres formas de transgresión de esos límites: la negacionista propia del pinochetismo; la apelación a la idea de pluralidad en una lógica liberal, que defiende la neutralidad para no dañar a terceros o herir sensibilidades; el punto de vista postcolonial que justifica la defensa de lo alternativo frente a lo oficial, como cuando se habla de “museo mestizo”; y finalmente la provocación intencional. Pero los límites debieran estar siempre y no deben ser confundidos con formas de censura cultural. Por ejemplo, hay quienes dicen que no debe desconocerse que la dictadura gozó de apoyo, precisamente eso hay que reconocerlo con preguntas radicales. Pero ello no significa renunciar a los límites, se puede comprender sin transgredirlos.

Finalmente, Basaure considera que sería un error personificar y personalizar los crímenes de la dictadura únicamente en la figura de Pinochet, y considerarlo excepcional. Sin embargo, no ha habido claridad en cuanto a la no excepcionalidad, tal vez porque ha habido confusión entre la dimensión histórica y la persona. Lo primero se refiere a si la dictadura es o no excepcional en la historia de Chile, y cuál es su singularidad. Luego, si la figura del dictador es excepcional, a la luz de los resultados del plebiscito de 1988, pareciera que la dictadura y Pinochet hubieran alcanzado cierta aceptación entre la población, pese al conocimiento de los crímenes. Esa población habría dejado de ser víctima pasiva a ser un actor activo. Esto último presenta un desafío interpretativo y representativo, en el cual Pinochet resultaría no necesariamente tan importante en sí mismo, o su persona. Para ello habría que incorporar a los chilenos en la comprensión de la dictadura y sus horrores.

Francisco Estévez, inició su intervención preguntando ¿los museos escapan de lo político?, para responder que no lo hacen. Argumenta que en el caso del Museo Histórico Nacional, si bien se dijo que la exposición había querido llevar a Pinochet al Museo, en ese lugar quien recibe a los visitantes es Pinochet, pues hay una placa ubicada en la entrada en la cual se indica que el dictador instaló al Museo en el lugar donde está hoy. Y adicionalmente, con la exposición “Hijos de la Libertad” Pinochet además despide a los visitantes, al final del recorrido.

A continuación Estévez apuntó a que el Museo Histórico Nacional practica el negacionismo, pues el período de la dictadura se encuentra ausente, y la exposición permanente finaliza con el golpe de Estado, el cual es representado únicamente por medio de páginas de periódicos extranjeros que dieron cuenta de ese acontecimiento. De tal forma, la exposición Los Hijos de la Libertad resulta difícil de considerar como una operación para incluir a Pinochet con el fin de provocar una reacción. Incluso, de acuerdo a las opiniones vertidas, se entendería que el Golpe de Estado es una provocación a la democracia, a los derechos humanos, y que por lo tanto hablar de Pinochet sería desde ya una provocación. De tal forma, Estévez manifiesta que su reacción vía twitter, en contra de la exposición, se agregaría a una sumatoria de otras reacciones adversas.

A la vez, las reacciones contrarias a la exposición expresarían un antipinochetismo que no puede restringirse a los espacios en los cuales se trata la dictadura, como el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, pues el pinochetismo está presente en la sociedad. De hecho ello quedó expresado en el enojo de sectores pinochetistas ante la suspensión de la exposición pues ésta se interpreta como un intento de suprimir a Pinochet del museo.

Argumenta a su vez, la tarea estaría incompleta porque supondría retirar la placa de la entrada del Museo, y hablar de la dictadura. De esta forma se revela la censura que el Museo Histórico Nacional ha mantenido sobre ese período al no hablar de él.

Por otra parte, ¿puede un museo abordar problemas actuales de derechos humanos?, claro que puede, y debe hacerlo. Así lo hace el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, que se hace cargo del “Nunca más”, al extender la lucha por los derechos humanos en la dictadura hacia el presente de la democracia, lo que hace con iniciativas museales que abordan temáticas indígenas, por ejemplo, y ello manifiesta que se trata de una institución capaz de dialogar con problemas actuales de derechos humanos.

Finalmente, Estévez manifiesta que un principio que alienta la labor del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es el “la memoria como derecho humano” y desde ahí es posible constituir la noción de una “ciudadanía de la memoria” que se resiste a ser administrada por un museo, que puede ser relatada desde distintos puntos de vista, como ha intentado hacerlo el Museo.

El comentario de Loreto López destaca el impulso favorable que ha tenido el debate desde que se propuso la actividad de los foros especiales. En concordancia con lo expresado por Alegría, López destaca que para quienes trabajan en el campo de la memoria, resulta muy evidente que se trata de un espacio en el cual se disputan las versiones legítimas del pasado reciente, y que ello se articula tanto a través de espacios museales, como sitios de memoria, series televisivas, y otros medios. Esa disputa representa también el ánimo por controlar el pasado, por lo cual se han constituido narrativas hegemónicas sobre las que es difícil avanzar y encontrar contrapuntos, tanto así que lo señalado por Basaure en cuanto a la salida de la dictadura por medio de un plebiscito donde una parte importante de la población expresó su adhesión al dictador, podría ser entendida como una “memoria inconveniente”. De la misma manera otras narrativas no hegemónicas, podrían ser tratadas como “memorias eclipsadas” siguiendo a Jorge Montealegre, o “memorias difusas” según Henry Rousso, o también “memorias débiles” a decir de Enzo Traverso, o incluso “memorias subterráneas” según Michael Pollak, que quedaron por fuera.

La hegemonía de ciertas memorias se manifiesta en una corrección sobre cómo hablar de la violencia política del pasado, que ha sido producto de una conquista social, y que se observa en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Fue una conquista, derivada de la lucha social por el reconocimiento de las violaciones a los derechos humanos. Lo que quiere decir que sí hubo memoria durante la dictadura y luego durante los 28 años de postdictadura, es decir han sido décadas en que las personas han estado recordando, y que no hubo por lo tanto supresión de la memoria.

En un espacio donde se están disputando las versiones del pasado y cómo representarlo, y donde el Museo Histórico entra en esa arena, es difícil hacerlo con otras posiciones, y eso es lo que habría ocurrido con su fallida exposición, ante la cual reacciona el sentido común. Pero López propone que habría que intentar ir un poco más allá para ayudar a pensar sobre las formas en cómo podrían aparecer figuras como las de Pinochet y muchos otros en estos espacios. De esta forma la discusión propuesta entre espacios museales debiera ser una discusión técnico-política en la cual se pueda dar cuenta de las decisiones que se han tomado para representar el pasado, y así ofrecer una reflexión más compleja que trascienda el disgusto o el rechazo a la figura de Pinochet.

Así como el Museo Histórico no ha sido capaz de abordar el período de la dictadura sobre lo cual debe responsabilizarse como institución, el Museo de la Memoria ha sido constantemente interpelado, sobre todo por sectores de derecha, sobre la contextualización. López plantea que en ambos museos el momento en que se gesta el Golpe es un problema, y que puede entenderse que hay una continuidad entre ambos espacios, pero sin lograr abordar ese momento. Tal como lo expresa Basaure, cuando se refiere al plebiscito, que vendría a ser el momento de la salida, en ambos casos son tránsitos o intersticios de difícil abordaje.

Luego de las exposiciones se dio lugar al debate con las personas que asistieron. Dicho intercambio permitió profundizar en algunos aspectos. Por un lado, acerca del carácter monstruoso de Pinochet y de la excepcionalidad del dictadura. Luego, cómo los museos reflexionan sobre las posibilidades de presentación de la imagen del dictador y también cómo abordar el período en el que se gestó el Golpe. También se abordó el problema de cómo despinochetizar el debate sobre el pasado reciente, y reflexionar sobre las condiciones que han impedido abordar el período de la dictadura en el Museo Histórico, y la relación de la dictadura con la sociedad chilena.

Revisa aquí la nota de la primera fecha del coloquio.

Sesión 3.
Martes 7.07: Sala B31 Biblioteca Nicanor Parra UDP (Vergara 324) 12.00 – 14.00 hrs

– Equipo Área Museo del Parque por la Paz Villa Grimaldi
– Jo Simon, Equipo de Educación Museo de la Memoria y los Derechos Humanos.
– Pablo Seguel, USACH
– Patricio Arriagada, Universidad Finis Terrae

Inscripciones.

Nota redactada por Loreto López, integrante del Programa Psicología Social de la Memoria (Universidad de Chile).

Revisa la transmisión de Facebook Live de este coloquio: