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[OPINIÓN] ¿Podría “Machuca” ser viable hoy?

Paula Luengo

Por Paula Luengo

Publicado en La Segunda

El tema de la segregación por clases sociales en Chile sigue ocupando el escenario del debate social y político. Y es que resulta difícil resignarse. Mientras el mito emblemático del “caso chileno”, tan bien descifrado por Andrés Wood en su “Machuca” sigue convocando nuestras conciencias, la ley 20.911 de formación ciudadana promulgada hace menos de dos años, estipula … fomentar en los estudiantes la valoración de la diversidad social…”. A más de 40 años de distancia, la “escena imposible” sigue siendo la misma. Como para Gonzalo Infante y Pedro Machuca, imposible prácticamente sigue siendo que niños y jóvenes de clases sociales distintas se encuentren en la sala de clases; como imposible también, sigue siendo, que si se llegaran a encontrar puedan “realmente” encontrarse.

El escenario social ha cambiado bastante respecto de los años de aquel experimento educativo. Sólo refiriéndonos a las actitudes y/o creencias, la última encuesta ELSOC (Estudio Longitudinal Social de Chile) del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), revela que el 89% de los chilenos considera que deberíamos hacer todo lo posible por igualar las condiciones de diferentes grupos sociales y el 78% considera injusta/muy injusta la diferencia en la situación de vida entre las personas de clase social alta y las de clase social baja en Chile. La conciencia pareciera estar mucho más despierta que en otras épocas, sin embargo ¿por qué el espacio del dicho al hecho es tan grande en nuestro país?

La cohesión es considerada un atributo deseable de las sociedades democráticas. Aunque los indicadores medibles de cohesión social son generalmente macroeconómicos, ella nace en la “mente” de las personas y es dentro de este micro-nivel donde el origen de una potencial resolución a los conflictos sociales podría tener inicio. No es suficiente con formar a ciudadanos comprometidos con la sociedad, es necesario que los mismos se pregunten ¿comprometidos con qué tipo de sociedad? Esto no se improvisa. Hay rutas y trayectorias. Comprometerse por el bien común, por una sociedad inclusiva, implicaría primeramente aprender a empatizar, a atravesar prejuicios y a comprometerse por el otro, también el socialmente, el culturalmente, el étnicamente, distinto.

Son necesarias buenas prácticas, con evidencias medibles y replicables, que sean espacios de ejercicio de ciudadanía para la cohesión social desde edades tempranas.