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[OPINIÓN] Un sistema en deuda con las mujeres

Por Claudia Heiss

Publicada en La Segunda

Las manifestaciones convocadas para este 8 de marzo buscan recordarnos, una vez más, las múltiples caras de la violencia y la discriminación de género en la sociedad chilena. Central a estas formas de opresión es la baja presencia de mujeres en órganos de representación política. La política, entendida como una manera de canalizar el conflicto generado por la desigualdad social para producir decisiones colectivas legítimas, no puede prescindir de liderazgos femeninos. Pero no existe una conciencia compartida acerca de la necesidad de participación paritaria en instituciones como Congreso, municipios y gobiernos regionales.

La aprobación de las cuotas de género en 2015 ayudó a aumentar la presencia de parlamentarias desde un vergonzoso 16% al 23% en 2017. Pero las candidatas aún son vistas por los partidos como “arroz graneado”, puestas en las listas para cumplir la norma más que para ganar elecciones. Este y otros problemas se analizan en el libro “La política siempre ha sido cosa de mujeres” (Flacso Chile, 2018).

En EE.UU., cuna de la democracia moderna, la última elección produjo reacciones de euforia por el aumento de mujeres en la Cámara de Representantes. Sin embargo, ese incremento significó pasar del 20 al 23% de legisladoras, menos de un cuarto del Legislativo.

La exclusión de un sector de la población es la falta más grave que puede cometer un sistema representativo. Es la negación misma del concepto de representación. Las mujeres tenemos opiniones políticas distintas, incluso sobre los temas considerados parte de la “agenda de género”. Todas esas ideas deberían estar representadas por hombres y mujeres. La democracia debe ofrecer igual oportunidad de que la voz de cada cual sea representada. Cuando esto no ocurre, la sospecha de que existe un bloqueo a la participación política se torna inevitable.

La representación política tiene más que ver con expresar ciertas ideas e interpretaciones de la realidad en la esfera pública que con presencia física. Pero ideas y presencia son complementarias en la medida que la exclusión física se vuelve sinónimo de un bloqueo a la participación. Garantizar que no exista tal discriminación es fundamental para reconstruir la debilitada legitimidad de nuestra democracia representativa.