[DIVULGACIÓN] Por qué protestar en Argentina y Chile es diferente

[CERRADA] Práctica profesional con Modesto Gayo en el Observatorio de Desigualdades UDP
2019-04-17
[NOTA] Llamado a participar en números especiales de journals a partir de ponencias seleccionadas para la Conferencia Internacional CEDEUS-COES 2019
2019-04-22

[DIVULGACIÓN] Por qué protestar en Argentina y Chile es diferente

Nicolás Somma, Sofía Donoso y Federico Rossi estudiaron durante tres años las dinámicas de las protestas en Chile y Argentina para comprender sus diferencias y similitudes. Según los investigadores, las transformaciones producidas por la doble transición hacia la democracia y el neoliberalismo, afectaron de manera inversa sus formas de protesta y podrían explicar las diferencias nacionales.

En el marco del Fondeyct Regular Nº 1160308, “Dinámicas de la participación en la protesta”, los investigadores COES Nicolás Somma, profesor asociado del Instituto de Sociología de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Sofía Donoso, profesora asistente del Centro de Investigación en Sociedad y Salud de la Universidad Mayor, junto a Federico Rossi, profesor-investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la Universidad Nacional de San Martín de Argentina, formaron parte del proyecto colaborativo internacional Caught in the Act of Protest, el que recopila información de más de 80 manifestaciones (cuya masividad asciende de las 5 mil personas) en 11 países (Bélgica, República Checa, Italia, España, Suecia, Suiza, Holanda, Reino Unido, México, Honduras y Guatemala).

Desde el año 2015, los investigadores han estudiado comparativamente las dinámicas de las protestas ocurridas en Argentina y Chile, basándose en casi dos mil encuestas llevadas a cabo en 8 manifestaciones laborales, educativas, sobre derechos humanos (DDHH), y diversidad sexual ocurridas en Buenos Aires y Santiago. Esto, con el objetivo de estudiar no solo a los sujetos y los motivos por los que protestan, sino también sus trayectorias de movilización, esto es cómo se informan acerca de la manifestación y con quienes asisten.

A modo general, los manifestantes de ambos países son principalmente adultos jóvenes, sin mayores diferencias por género, y se trata de un público altamente educado: el 61% de los manifestantes cuenta con educación universitaria completa o más en Chile, y el 49% en Argentina. La edad promedio es de 35 años con diferencias según el tema de la protesta: laboral (43 años), DDHH (38), diversidad sexual (30) y educativa (28). Cabe mencionar que el 90% de los manifestantes se identifica con alguna posición de izquierda. Esto es relevante en el contexto latinoamericano, enfatiza Sofía Donoso, ya que las protestas suelen estar politizadas hacia la izquierda en América Latina, en cambio, en Europa se ven más manifestaciones de grupos de derecha.

Lo anterior se relaciona con el rol que cumplen las organizaciones en ambos países: en Argentina el 45% de los manifestantes pertenece a organizaciones o colectivos convocantes, mientras que en Chile, solo un 27% lo hace. Según explican los investigadores, en Argentina, los movimientos sociales han sido más activos y han desarrollado múltiples nexos con partidos, sindicatos y organizaciones sociales. En contraste, “Chile vivió un proceso de desmovilización que separó a un sistema de partidos altamente institucionalizado del resto de la sociedad”. En ese sentido, el primer ciclo de protesta desde la democratización fue dirigido por estudiantes con un fuerte rechazo a los partidos tradicionales. En cambio, en Argentina, “a pesar de que el sistema de partidos ha sufrido cambios importantes con un predominio de líderes personalizados, las bases de los partidos peronistas y de izquierda se fortalecieron como instrumentos para la movilización social”.

Nicolás Somma propone hablar de “arraigo organizacional”, que refiere al rol que cumplen las organizaciones en distintos aspectos del proceso de movilizaciones en protestas. Para medir el arraigo organizacional, los investigadores realizaron una escala en base a cinco indicadores: información, reclutamiento, acompañamiento, identificación grupal y membresía en organizaciones convocantes a la protesta. En este sentido, donde hay más arraigo es en la identificación grupal: más del 60% de los manifestantes se identifica con las organizaciones, y un porcentaje mucho menor participó de redes de reclutamiento. Los autores también encuentran que el arraigo organizacional depende fuertemente del contexto donde la manifestación se lleva a cabo. Controlando por otros factores, quienes participan en marchas laborales tienen mayores niveles de arraigo organizacional que quienes protestan por otros temas, y el arraigo es mayor en los manifestantes argentinos que en los chilenos.

Según los autores, las transformaciones producidas por la doble transición a la democracia y al neoliberalismo afectaron de manera inversa las formas de protesta en cada país y podrían explicar estas diferencias nacionales. Federico Rossi señala que los sistemas políticos se han reorganizado. “Lo central que diferencia a Argentina de Chile es que en Argentina la población nunca se desmovilizó desde la liberalización del régimen autoritario”. De esta manera, aclara que las reformas radicales neoliberales chilenas llevaron a una privatización de la vida política. En cambio, el camino neoliberal argentino, comparativamente más moderado, no ha dado forma a una vida política privatizada. Y concluye que “en ninguno de los dos casos se elimina la protesta, sino que se modifica la forma en que las personas se congregan en un evento contencioso”.

Por último, Federico Rossi agrega que la transición a la democracia liberal puede afectar la protesta a través del grado de desapego de las élites políticas de sus electores. “La transición negociada de la élite chilena produjo un sistema de partidos altamente institucionalizado en un sistema político controlado por la élite. En cambio, la transición por ruptura en Argentina no fue totalmente controlada por ninguna élite, lo que mantuvo al sistema de partidos más integrado en la sociedad en un vínculo dialógico donde la población organizada tiene la capacidad de influir en las políticas públicas”.

Los resultados de esta investigación, parte de un proyecto colaborativo internacional, se presentaron el martes 16 de abril en el Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile.