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Publicado en La Tercera

Si hasta hace poco el clamor de las mujeres era contra la violencia y la brecha salarial, hoy el abanico es más amplio, y en algunos casos, más contestatario. Sociólogas, historiadoras, economistas y expertas de género debaten sobre la transversalidad, la representatividad y la proyección de este movimiento.

Base histórica del movimiento

Hablar de una revolución feminista sin precedentes no es exagerado dice María Luisa Méndez, directora de Sociología de la U. Diego Portales e investigadora del Coes. El movimiento, sostiene, “surge de una larga trayectoria de organizaciones de mujeres feministas que han estado trabajando de manera incansable en distintos frentes”. Y cruza distintas generaciones de mujeres “vinculadas a la política desde los años 80, mujeres que han luchado por los derechos reproductivos, derechos laborales, con generaciones más jóvenes que han ampliado la discusión al abuso sexual, a las disidencias sexuales e identidad de género”, explica.

A su juicio son múltiples demandas que representan a la mujer común: “La demanda de conciliación de labores, las reivindicaciones salariales, las de salud y no solo reproductiva, sino que somos objeto sistemáticamente de discriminación, y contra la violencia en la vida cotidiana, lo entiende cualquier mujer, porque lo hemos vivido todas”.

El feminismo en Chile, plantea la historiadora María José Cumplido, tiene trayectoria al menos desde el siglo XIX. Y en ese proceso los discursos se han ido actualizando: “Hay que ir más allá de proyectos o una ley particular, como fue el voto, sino querer cambiar una cultura de violencia transversal presente desde Vitacura a las mujeres que están en la mitad de La Araucanía”.

Es generalizada la exigencias de cambios, agrega Viviana Ponce, de la U. Autónoma de Barcelona. “Las mujeres en Chile viven una violencia constante, una violencia no solo física o psicológica, sino también una violencia textual y expresiva y esas son las reivindicaciones”, sostiene.



Convocatoria y transversalidad

María José Cumplido, historiadora y editora en Memoria Chilena, dice que al movimiento femenino aún le falta convocatoria. Se necesita, “mucha educación para que haya un gran ‘acuerdo nacional’, porque hay que hacer estos cambios pronto”.

Si bien las reivindicaciones feministas llevan décadas, la masividad actual es nueva. Por eso, existe una confusión generalizada sobre de qué se trata, explica Viviana Ponce, de la U. Autónoma de Barcelona. “Entonces las mismas mujeres reclaman que el movimiento no las representa, pero sin él, ninguna podría hablar y decir que no la representa”, señala.

Sin embargo, Bettina Horst, subdirectora de Políticas Públicas de Libertad y Desarrollo (LyD) cree que es lamentable que una “temática que debiera ser planteada desde una perspectiva transversal en lo político -y con ello concitar un apoyo amplio-, pretenda ser capturada por sectores cuya agenda va mucho más allá de la agenda propia de la mujer como el fin de las AFP y aborto libre, entre otras. Según Horst “cuando la agenda se mezcla con agendas contrarias a la libertad económica, la lucha por aumentar la libertad de las mujeres termina por lograr lo contrario: cerrar espacios de libertad y de oportunidades”.

Para Catalina Littin, directora ejecutiva de la Fundación Superación de la Pobreza, la actual coordinación es notable. “Y no solamente en este 8M, sino que desde que comenzó la llamada cuarta ola feminista, que ha venido acompañada de un valioso proceso de toma de conciencia natural de las nuevas generaciones”.



Poder de transformación

Catalina Littin, directora ejecutiva de la Fundación Superación de la Pobreza, señala que el actual movimiento está generando un proceso de transformación en las relaciones de poder. “No se trata de más carga, se trata de vivir distinto, con un empoderamiento entusiasta, con un compromiso social que emociona, que llegará lejos y que sin duda afectará positivamente el futuro de las mujeres de nuestro país”, afirma.

Las demandas van desde cambios en la educación hasta las relaciones personales, que hoy están alcanzando un punto alto en las marchas, dice la historiadora María José Cumplido. “Las movilizaciones están manifestando una queja que se debe encausar en proyectos de ley, programas de educación no sexista, educación sobre violencia”, indica. Trabajo que a su juicio involucra coordinación entre el sector publico y privado.

Pero Bettina Horst, subdirectora de Políticas Públicas de Libertad y Desarrollo (LyD), duda de la legitimidad de las actuales reivindicaciones del movimiento feminista. “Muchas de las mujeres que van a la marcha no están de acuerdo con los 10 puntos del petitorio, ni conocen los detalles. No todas están contra el capitalismo, pero quienes se adueñan, ponen esa sombra encima”, acusa.



Proyección y plazos para los cambios

Respecto a los resultados del actual movimiento, la investigadora del Centro de Estudios de Cohesión Social (Coes), María Luisa Méndez, indica que se debe considerar “que es un movimiento que quiere transformar la realidad y en muchos planos”. Pero si se abordaran desde una agenda gobierno, por ejemplo en la salud, habría un desafío para tomar en serio y pronto. “Las manifestaciones muestran que hay un sentido de urgencia”, plantea.

Bettina Horst reclama que muchos temas que se están planteando y por los que se llama a marchar “son los que coloca la izquierda. En calidad de educación, dicen abajo el capitalismo y el neoliberalismo, en temas de mujer, es lo mismo”.

Por su parte, Viviana Ponce dice que actualmente no hay mucha conciencia de los derechos que se demandan. “Se responden a las cosas que pasan en la calle”, indica.

Pese a ello, la historiadora María José Cumplido, señala que ya se ven frutos. Estima que en un plazo de 10 años se podrán ver los cambios. “Hace ocho años iban pocas mujeres a las marchas del 8 de marzo, pero ahora la masificación ha influido mucho en que el feminismo sea entendible”, sostiene.

Pero Verónica Undurraga, académica de Derecho de la U. Adolfo Ibáñez y experta en temáticas de género es menos optimista al respecto. Señala que todas las estimaciones apuntan a que la igualdad, al ritmo actual, se lograría recién en 100 años. “En la medida que realmente se mantenga este momento y se adquiera conciencia, quizás podemos acelerar esos cambios”, manifiesta.



El rol de los hombres

¿Está el feminismo en contra de los hombres?, es una interrogante que nace en el actual escenario de protagonismo femenino. Para María José Cumplido, los hombres manifiestan resistencia y miedo por la poca información que tienen. “Deben partir por entender los privilegios que tienen y que despojarse de ellos generara igualdad, y que el feminismo es para hombres y mujeres, porque el patriarcado también los afecta. Por eso es transversal”, sostiene. La socióloga del Coes María Luisa Méndez agrega la necesidad de una “actitud reflexiva”, para ver cómo contribuyen a una sociedad más igualitaria e indica que todos estamos involucrados en relaciones injustas.

Viviana Ponce, de la U. Autónoma de Barcelona, explica que por desinformación se enfrenta al feminismo con el machismo, pero esto “no es un ataque”, subraya.

No son ellos los protagonistas, dice Ximena Correa, docente de la UDP y experta en estudios de género y cultura de la U. de Chile. “No son los que históricamente han sufrido subordinación e inferiorización, ni desigualdad”, agrega,

Verónica Undurraga, académica de Derecho de la U. Adolfo Ibáñez, destaca que deben aprender a escuchar a las mujeres. “Tratar de evitar dar consejos de cómo tienen que hacerse las cosas. Y no esperar que nosotras les expliquemos tanto”, acota.