[PRENSA] Héctor Carvacho: “El optimismo de Piñera invade todo, incluso las malas noticias”

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[PRENSA] Héctor Carvacho: “El optimismo de Piñera invade todo, incluso las malas noticias”

Publicado en La Segunda

“Imagino que el Presidente debe ser entretenido en un asado, pero en ambientes más estructurados, la probabilidad de que meta las patas es más alta”.

Los objetos sociales, explica el psicólogo Héctor Carvacho, se evalúan fundamentalmente en dos ejes: competencia y calidez. Las cuatro combinaciones posibles dan lugar a la misma cantidad de estereotipos, en uno de los cuales calza la personalidad del Presidente Sebastián Piñera según el académico de la UC e investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social.

Carvacho también forma parte de la red de psicología política, instancia que busca promover coloquios entre investigadores, académicos y estudiantes asociados a estas áreas. Es Doctor en psicología de Bielefeld University (Alemania) y tiene un postdoctorado en el departamento de Psicología de Harvard University (EEUU).

“Él (Piñera) está en el cuadrante alto en competencia, exitoso y diligente, pero se le considera una persona fría, cuya capacidad de empatizar con otros no es tan alta. En ese estereotipo también caen grupos sociales como los empresarios”, dice. La expresidenta Bachelet, por el contrario, “explotó al máximo su calidez”.

—Debe ser frustrante para alguien orientado al éxito y preocupado de las encuestas, observar un peak en desaprobación de su gestión.

—Claro, es alguien para quien el éxito no es una cuestión irrelevante.

—¿Qué tanto influye la personalidad del Presidente en esos resultados? Dirigentes de Chile Vamos han transmitido a La Moneda que está abordando muchos flancos, lo que podría debilitar la figura presidencial.

—Es una apuesta arriesgada. Pero a pesar de que la opinión pública tiende a ver al Presidente como alguien impulsivo, él es extremadamente racional. Es muy analítico. Y en general está muy bien preparado en muchos temas, lo que hace que sea fácil para él o para sus asesores pensar que es bueno exhibirlo públicamente. El Presidente es como el mateo de la sala: no importa dónde lo ponga, porque puede salir bien parado. ¿Pero cuál es el problema de los niños mateos? Que no necesariamente son los niños más queridos, no necesariamente son los más populares. Y sus detractores están preocupados de pillarlo cada vez que se cae.

—¿En una encuesta pesa más ser competente o ser querido?

—Creo que ser querido.

—Entonces el panorama no es auspicioso. ¿Es difícil que revierta la caída?

—Es muy difícil, salvo que pase algo como el rescate de los mineros o que la economía comience a subir y que mejoren los sueldos. Esas son cosas que la gente sentiría. Pero que con muy buenos asesores mejore dramáticamente su imagen es casi imposible. Puede moverse y hacer cosas, pero también es importante no sacar a las personas de su hábitat más natural. Poner al Presidente en situaciones donde tiene que mostrar al máximo calidez es exponerlo a que se mueva donde no es tan competente. Él intenta hacerlo; que participe tanto en matinales tiene que ver con humanizarlo. Él tiene sentido de humor, es chispeante. Imagino que debe ser entretenido en un asado, pero en ambientes más estructurados, la probabilidad de que meta las patas es más alta. Debe ser muy difícil ser su asesor comunicacional, porque al ser tan competente, se da ciertas libertades. Aunque le digan “no lo haga”, lo hace. Característico de su actuar público es tomar riesgos y jugar al límite. Eso habla de su autoconfianza.

“La testarudez hace que no le entren balas”

—Con malos resultados en las encuestas y tras semanas de cuestionamiento a la participación de sus hijos en el viaje a China ¿En qué estado de ánimo ve al Mandatario?

—Tiendo a pensar que es una persona muy optimista y que ese optimismo invade todo lo que hace. Incluso las malas noticias las da así. Pero el optimismo le genera consecuencias en dos sentidos: por un lado hace que sea probablemente menos realista en sus aspiraciones, queriendo hacer tantas cosas, lo que genera muchas expectativas respecto de las cuales la gente se puede defraudar. Pero por otro lado también es un motor para que acarree a sus equipos. El optimismo puede ser una buena herramienta política.

—¿Ese optimismo hace la diferencia con una Bachelet que se desmoronó ante la participación de su hijo en el caso Caval?

—La forma en la que se ha construido el discurso de Piñera es como si estuviese por sobre trivialidades. El Presidente tiene un aire de superioridad intelectual que defiende. Y es protector para la imagen que tiene de sí mismo pensar que su forma de ver las cosas es más correcta que la de otros. La testarudez, el tener convicciones de que está haciendo lo correcto, hace que no le entren balas. Es un arma de doble filo que le permite ser exitoso.

—El Presidente suele aludir a personajes históricos en sus discursos. En la cuenta pública, por ejemplo, mencionó a O’Higgins, Carrera, Rodríguez y Aylwin. ¿Cómo interpreta la utilización de esos recursos?

—Él no está jugando el juego de la contingencia, está jugando a cómo va a ser interpretado su papel en la historia. Creo que lo que lo motivó a ir a un segundo gobierno fue asegurar su legado, no solo ganar de nuevo. Él está apelando a que su nombre quede inscrito junto a los de los grandes estadistas de la historia y por eso enfatiza tanto en datos históricos. Dijo que los últimos 30 años son los más exitosos de la historia del país, y el subtítulo es “yo soy parte de eso”. Él tiene en su interés posicionar una imagen individual de sí mismo, versus la idea de hacer un proyecto colectivo. Es un liderazgo basado en la persona.

—¿Es ambicioso?

—Puede ser ambición, pero también puede ser perspectiva. Lagos tenía la misma motivación; llenó de gestos su presidencialismo. En su segundo gobierno, Bachelet también se estaba jugando ese legado. Se decía que ella estaba poniendo en agenda temas que en Chile no eran tan importantes, pero en la agenda internacional, sí. La Presidencia es el cargo más alto; no hay un par. Eso te hace mirar cosas que los ciudadanos no estamos mirando. Arturo Alessandri o Frei padre también eran personajes que estaban muy conscientes de su haber en la historia.

—¿Por eso Piñera insiste en la idea de buscar acuerdos?

—Ese es el peso de la figura de Aylwin. Está apelando a eso porque siempre ha tratado de posicionarse como alguien transversal, un articulador. Como el de la derecha que votó por el No.