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[PRENSA] Las madres miran en forma distinta la maternidad, pero sus obligaciones no bajan

Publicado por El Mercurio

Aunque muchas parejas hoy dicen estar por la igualdad de género, ello todavía no se traslada a la equidad en las tareas cotidianas cuando llegan los hijos.

Suena el despertador y Daniela (41) y Christian (38) se levantan para comenzar el día y sus respectivas actividades. Mientras ella, con cincos meses y medio de embarazo, despierta a Baltazar (5) y Borja (3), él prepara las colaciones de los niños. Ella parte a la oficina y los hombres de la familia, al colegio.

«Sé que soy un caso excepcional al poder tener una maternidad compartida 50-50 con mi marido», reconoce Daniela. Muchas cosas se han dado, pero otras las han buscado, agrega. Y no ha sido fácil.

«Las expectativas sobre la maternidad no son generales a todas las personas. Aun así, aún persiste la idea en nuestro país de que ella responde a algo natural e instintivo», dice Claudia Lucero, académica de la Facultad de Psicología de la U. Diego Portales. Por eso, muchas veces cuando se habla de maternidad y crianza se dicen numerosas cosas, pero a la hora de actuar la tradición sigue pesando más.

Sin balance

Aunque los padres de ahora comparten mucho más las labores que tan solo los de una generación atrás, la equidad en las tareas sigue estando muy lejos. «Incluso en parejas que están extremadamente conscientes de la igualdad de género, cuando nace el primer hijo, las prácticas del día a día siguen siendo de la forma tradicional», dice Mauro Basaure, académico de la Universidad Andrés Bello e investigador del Centro de Estudio de Conflictos y Cohesión Social (Coes).

De esta forma, si bien los padres hoy están más presentes, la mayoría solo participa de las actividades divertidas del fin de semana y no en las tareas cotidianas, que siguen sobre los hombros de ellas.

«Las mujeres hoy asumen el doble rol (ser madres y tener una carrera profesional), pero con culpabilidad, porque sienten la necesidad de compensar el privilegio de poder salir a trabajar afuera», opina el experto.

Daniela reconoce que en la decisión de tener el tercer hijo ahora, y no más adelante, pesó más la parte laboral que los posibles riesgos de salud. «Estos son importantes, de todas maneras, pero el frenazo profesional que resulta de estar dos años fuera es lo que nos hizo decidirnos finalmente», dice.

El optar por tener desarrollo profesional, dice Mauro Basaure, disminuye el tiempo durante el día en que las mujeres están con sus hijos. «Ellas sumaron un rol más, pero los hombres no, de ahí la autoexigencia», opina.

«Ahora, además, si no sabes de alimentación saludable, crianza respetuosa o qué tipo de juguetes deben tener tus hijos, estás fuera de las conversaciones. Es una tremenda presión nueva», admite Daniela.

Si bien las mujeres están más emancipadas y ya no siguen el patrón de sus madres, a juicio de Basaure, la presión social sigue siendo fuerte «de parte de las otras mamás, de las familias y de la sociedad. Finalmente, si la niña o el niño llega con piojos al colegio, van a culpar a la mamá y no al papá», ejemplifica.

Daniela trabaja de 9:00 a 6:00 de la tarde, por lo que no siempre puede ir con los niños al médico. Muchas veces los lleva el padre, ya que tiene un horario más flexible. «La última vez fui y el doctor me preguntó dónde había estado todo el resto de las veces», cuenta. Asegura que los médicos no reconocen en los papás a un interlocutor válido, de ahí la queja.

«Las parejas jóvenes nos están enseñando progresivamente distintas formas de ser familia, sobre la distribución equitativa de las tareas domésticas y de crianza, y el valor del buen trato», opina Claudia Lucero. Son relaciones más respetuosas y de una forma de existencia más ecológica, agrega.