[PRENSA] ¿Por qué los chilenos se endeudan tanto?

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Publicado en Qué Pasa de La Tercera

“Si cada uno de nosotros estaría dispuesto a vivir sin crédito, para ello seguramente, deberíamos renunciar a vivir la vida que se nos exige vivir”, indica el sociólogo Alejandro Marambio. Hablar de una sociedad “consumista” es insuficiente, sostiene, porque se individualiza una problemática que en gran medida se explica por contextos sociales.

Un hogar en Chile destina el 25% de sus ingresos mensuales para el pago de deudas, según la Encuesta Financiera de Hogares 2017 del Banco Central, presentada en septiembre último. Una cifra que además va en aumento: en 2014 era de 20%.

Las deudas son una realidad para muchos chilenos. Si se considera que el ingreso laboral promedio mensual en la población ocupada del país es de $554.493 (INE), es decir, $138.623 es la cifra promedio que mes a mes las familias ocupan para cubrir ese endeudamiento.

¿Por qué los chilenos se endeudan tanto? En general los problemas económicos, suelen considerarse como un asunto individual y privado, explica Alejandro Marambio Tapia, académico del Escuela de Sociología Facultad de Ciencias Sociales y Económicas de la U. Católica del Maule, autor del estudio  Endeudamiento “saludable”, empoderamiento y control social.

Socialmente existe una extendida concepción de la responsabilidad individual de la deuda. Cada persona tiene que dar cuenta de sus actos, agrega Marambio, “es decir ser responsable, pero a la vez tomar riesgos”.

¿Es posible vivir sin endeudarse?
La gente de diversas clases sociales considera la deuda como un “mal necesario”, implicando una ambivalencia moral respecto a que para muchas cosas importantes usar la deuda, aunque no quisiéramos. Lo complejo es si cada uno de nosotros estaría dispuesto a vivir sin crédito. Para ello seguramente, deberíamos renunciar a vivir la vida que se nos exige vivir, por ejemplo, no podríamos estudiar, comprarnos un auto, arreglar nuestras casas, visitas al dentistas, etc. darle a nuestras familias lo que ellos “necesitan”. El gran tema es que aquí los bajos ingresos que producen nuestra economía y la desigualdad social, provocan en ciertos lugares que por obligación o emulación, gran parte de la población tenga que soportar un costo de la vida que hace que sus ingresos se empequeñezcan.

¿Somos una sociedad de consumidores o una sociedad de endeudados?
Ante esta pregunta es difícil ser binario. En el caso de Chile, el ingreso de la sociedad de consumo se produjo a través de varios mecanismos, uno de los cuales fue la expansión del crédito, principalmente a través del retail, desde mediados de los 90. Hay un vasto número de relaciones sociales que están mediadas por el consumo, en tanto acto de apropiación de algo, para lo cual no necesariamente hay que endeudarse (como por ejemplo consumir una canción). Es lo propio de nuestras sociedades. En ese sentido, ambas porque siempre consumimos y hay mucha deuda, de acuerdo a las cifras que contamos por lo menos desde hace 10 años.

Ahora bien, sociedad de “consumistas”, es una generalización insuficiente de un problema: por un lado se individualiza y “psicologiza” un problema que descansa no sólo en los individuos sino en los contextos sociales(como mercado y Estado), y por otro no se considera que la mayor parte del endeudamiento se refiere a proyectos de diversa índole (arreglar la casa, útiles escolares de marzo, educación, emergencias de salud, etc.)

En su estudio indica que la deuda es un mecanismo de control. ¿Por qué?
Desde siempre, la deuda ha implicado una relación de poder entre deudor y acreedor. La frase “estar en deuda” implica que alguien tiene algún tipo de poder sobre mí. Cuando en una sociedad, más de dos tercios de los hogares están constantemente endeudados, entrando y saliendo, la situación es generalizada. Esto se produce en un escenario donde a nivel global el Estado se ha retirado y se promueve la autogestión de los individuos, como proyecto de vida y modelo social. En este contexto, la deuda es un método de control ya que individualiza, atomiza y “redime” a los sujetos de buscar explicaciones más allá respecto a situación precaria: no hay que cambiar las reglas del juego, sólo debe aprender a jugar mejor.

Las facilidades para tener crédito hoy son muchas, ¿existe el mismo nivel de enseñanza para gestionar esos gastos?
Luego de casi 30 años de expansión ininterrumpida del acceso al crédito, recién en los últimos años se han implementado, más bien de manera atomizada iniciativas para enseñarle a la población cómo endeudarse. Evidentemente, se parte de análisis de test estandarizados que dan cuenta de falencias en matemáticas y conceptos financieros. Sin embargo, por otro lado la gente lleva décadas haciendo esto y ha creado sus propios sistemas para sortear con éxito el desregulado escenario del crédito.

¿Sirve la educación financiera?
En las metrópolis, la educación financiera va detrás de la bancarización y en Chile eso es paradigmático, fue casi uno de los primeros en bancarizarse y uno de los últimos en pensar en la educación financiera. ¿Sirve? Depende de lo que se entienda por educación financiera. En algunos casos, es solamente aprender a usar una tarjeta de crédito, en otros es saber usar el crédito para armar un pequeño negocio, entremedio está el manejo de presupuesto familiar. Hay dos puntos clave: sirve mucho más cuando las acciones se consideran los distintos públicos específicos (no sólo una familia “promedio”). Esto incluye partir en el sistema escolar. El segundo punto es mucho más importante: la educación financiera no sólo puede ser “aprender a tener un endeudamiento saludable”, sino que debe orientarse a comprender cómo funcionan las economías en su totalidad e incorporar la acción de los actores estructurales tales como quienes son los oferentes del crédito y la responsabilidad social que deberían asumir, o incluso más allá, cuestionarse si es “normal” que una sociedad funcione a base de deuda.

¿Se resuelven las deudas al tener más dinero?
Evidentemente, las deudas se pagan con dinero y al aumentar los ingresos o bien recibir una cantidad de dinero extra, eso posibilita pagar las deudas y “resolverlas”. Ahora bien, en términos empíricos, sucede que quienes aumentan sus ingresos por la vía de pequeños o moderados aumentos de sueldo, tienden a endeudarse más y en algunos casos, ingresan a ciclos de deuda mucho más agobiantes que los que tenían antes (e incluso un default). Esto a nivel de lo que yo llamo las “trayectorias de deuda”. A nivel estructural, para los deciles de mayores ingresos (8-9-10, excluyendo un 5 por ciento más rico) la deuda tiene una función similar que para los deciles de menores ingresos, esto es, proyectos de movilidad social y provisión de un sistema de protección que el Estado decidió fulminar décadas atrás. Las diferencias van en los tipos de deuda, plazos y objetivos. En suma, más dinero no implica para nada menos deuda o el fin de la deuda.