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Publicado en LUN

Geógrafo explica que ahora se construye para hacer la vida fuera del hogar. Casas en Maipú o Puente Alto
funcionan como dormitorios, igual que los pequeños departamentos del centro.

El Observatorio de Ciudades de la Universidad Católica (OCUC) tomó los datos que entregó el último Censo 2017 y
comparó la superficie urbana consolidada de las comunas de Santiago con el total de áreas verdes privadas, es decir, los patios. En ese cruce de información, Vitacura irrumpió como la comuna con más patio de la capital: posee 713,7 hectáreas en 2.377 de terreno urbano. Más claro: el 30% de Vitacura es patio.

A 28 minutos en vehículo hacia el sur -si seguimos las indicaciones de Google Maps- se ubica San Ramón, comuna
que se caracteriza por tener pequeñas casas de uno o dos pisos, blocks de departamentos de cuatro pisos y calles
estrechas. Es la comuna con menos patio de la capital: dispone de 2,9 ha de áreas verdes privadas en 631,7 ha de
espacio urbano, lo que equivale al discreto 0,46%.

Los números consideraron patios de casas y de condominios de edificios en la capital y representan sólo el 7,9% de la superficie. A nivel comunal, 23 de las 34 comunas analizadas están bajo esa media, entre ellas, Santiago (1,9%),
Providencia (5,1%) y Maipú (6,9%). Las que están por encima son Cerrillos (8,5%), El Bosque (10,8%), La Pintana
(11,1%), Huechuraba (13,9%), Peñalolén (14,4%), Puente Alto (16,7%), La Florida (17,1%), Las Condes (23,6%), Lo
Barnechea (26,8%), La Reina (27,5%) y Vitacura (30%).

Cristóbal Herrera, geógrafo y coordinador del Observatorio de Ciudades, explica que la demanda de vivienda por el
crecimiento de la población y la falta de suelo en el centro de la ciudad motivó a las inmobiliarias a intensificar y densificar el terreno con torres que albergan cientos de departamentos. Ese fenómeno, iniciado a mediados de la
década pasada, sepultó el modelo de hogar inspirado en el suburbio estadounidense.

‘Ya se dejó de construir casas para cumplir con ese estereotipo de familia feliz gringa, con patio, piscina y perro’, añade Herrera, quien encabezó el estudio.

Julio Nazar, urbanista y docente de la U. del Desarrollo, señala que el santiaguino mutó en los últimos años: antes se aspiraba a tener un jardín particular y una vivienda aislada; hoy se valora la centralidad de los servicios.

‘Prefiere vivir cerca de los colegios, universidades y trabajo a costa de sacrificar eventualmente el jardín privado. Ahora las personas buscan el patio en el espacio público, ya sea en plazas y parques’, ilustra.

Cada vez se construyen menos casas, dice Herrera, pero las que se levantan son pequeñas y con poco patio, que
funcionan como dormitorio.

‘En las comunas de los sectores más periféricos -Maipú, Puente Alto- se busca que tu vida la tengas, en rigor, afuera del hogar, y que tu casa sea un espacio dormitorio. Se construyen viviendas para que la gente vaya a dormir después de trabajar’, asegura el geógrafo.

Nazar agrega que con los años, incluso, ha cambiado la preponderancia de los espacios del hogar.

‘Como ahora las piezas están hechas sólo para dormir, la familia se reúne mucho en torno a la cocina. También el
servicio doméstico ha ido en retirada por el costo de la vida. Son los padres quienes cumplen los roles domésticos y cocinan y lavan los platos con los hijos’, agrega.

Se valoran, entonces, las cocinas integradas al comedor.

La vida en edificio

Herrera afirma que las inmobiliarias construyen condominios sin mucho patio, pero con una plaza central que sirve
como espacio verde para los residentes.

‘Los condominios están dentro de la Ley de Copropiedad. Por eso se tienen que definir espacios mínimos comunes,
desde áreas verdes hasta gimnasios y lugares de ocio. Esos espacios son pagados y mantenidos por toda la
comunidad. El problema está ligado a la responsabilidad de los vecinos: cuando la gente no paga, esos lugares no se
cuidan’, asegura.

El economista Alejandro Alarcón, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile, puntualiza que en el caso de los condominios es muy difícil que los residentes se pongan de acuerdo en el precio por los espacios
comunes.

‘Hay gente que no paga los gastos comunes porque considera que lo que está pagando no tiene una retribución a la
pertinencia de ese lugar común’, ejemplifica. Mejor dicho, hay vecinos que deciden no pagar la cuota mensual porque
creen que ese patio central no vale lo que estipula el reglamento.

Alarcón asegura que justamente son los reglamentos internos los que permiten zanjar ese dilema entre vecinos y
‘sistematizar en una regla’ el pago de los bienes comunes.

La socióloga María Luisa Méndez, directora de la Escuela de Sociología de la U. Diego Portales e investigadora del
Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (Coes), agrega que la vida de barrio es cada vez menor en las áreas con alta densificación.

‘Las personas conviven con una alta rotación de vecinos, lo cual disminuye notoriamente sus niveles de arraigo,
confianza, participación local y sentimiento de pertenencia. Esos factores que son claves en el desarrollo de lo que conocemos como cohesión urbana’, explica