[PRENSA] Sociólogo analiza impacto de la consulta por laguna: “Es un mito que en Chile a la gente no le interesa participar”

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[PRENSA] Sociólogo analiza impacto de la consulta por laguna: “Es un mito que en Chile a la gente no le interesa participar”

Publicada en EMOL

Experto en temas de la sociedad civil, Gonzalo Delamaza asegura que la iniciativa fue un “buen ejemplo” que se puede perfeccionar. “Hay que avanzar en sistemas más sofisticados, pero sobre todo en decidir implementar métodos participativos”, dice.

El rechazo fue calificado transversalmente como “categórico”. Con un total de más de 17 mil votos, el 72,5% de los habitantes de Las Condes, La Reina y Providencia decidieron que lo que querían para el Parque Padre Hurtado no era una laguna cristalina.

“La gracia de estas consultas es saber lo que los vecinos quieren”, dijo este domingo el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, principal propulsor de la idea. “De repente uno puede tener una idea que uno cree que es buena, pero si los vecinos la encuentran mala, no se hace, y creo que eso es lo mejor desde el punto de vista de la democracia”.

El resultado tiene como consecuencia una mejora para el parque con un presupuesto de $3.200 millones, en un plan que todavía se debe definir. Se trató de la decisión tomada por un volumen de ciudadanos que superó las expectativas, compuesto por habitantes de tres comunas que promediaron 63% de abstención en las últimas elecciones municipales.

“Si uno suma su votación en 2016, fueron cerca de 180 mil personas a las urnas. Estamos hablando de una elección de alcaldes, altamente competitiva. Acá votaron casi 18 mil personas después de una campaña de dos semanas. Claramente hay interés por participar de los asuntos de sus comunas”, cuenta el sociólogo Gonzalo Delamaza.

Investigador adjunto del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) y académico de la U. de Los Lagos, Delamaza se dedica a estudiar la participación ciudadana, las relaciones entre el Estado y la sociedad civil y la descentralización. En conversación con Emol, analiza el fenómeno que protagonizaron las tres comunas de la zona oriente.

Participación para algunos

—¿Cómo evalúas lo que ocurrió con el Parque Padre Hurtado, en términos de la reacción que tuvo en las personas y la forma en que se movilizaron?

“Lo primero que muestra la consulta es que el pronunciarse sobre asuntos que les competen suscita un alto interés en las personas. En este caso fue un parque. Uno podría pensar que hay otras cosas más importantes, sin embargo acá hubo una votación altamente significativa. Es un mito que en Chile a la gente no le interesa participar: lo que ocurre es que no hay canales para hacerlo”.

—De la votación participaron tres comunas, pero es iluso pensar que sólo esos habitantes visitan o se benefician de un parque abierto. ¿Cómo se decide quién tiene competencia para opinar sobre lo que pasa en los espacios públicos? ¿El límite comunal es suficiente?

“La primera pregunta ante cualquier decisión es quién tiene que tomarla. Estamos acostumbrados a que siempre las tomen las autoridades que tienen competencia para ello, y nos preguntamos si debería hacerlo una u otra, pero ¿la ciudadanía por qué no puede tomar decisiones?, ¿por qué no puede siquiera opinar sistemáticamente? Claro, se debería avanzar. Esto no hay que tomarlo más que como un buen ejemplo de las cosas que se podrían hacer”.

—¿Se podría haber ampliado la conversación?

“Sí. Sucede que la mayoría de consultas de este tipo que se han hecho donde los municipios tienen recursos para invertir y los alcaldes tienen voluntad de someter a consulta, porque cuidan la relación con sus vecinos, que ostentan cierto poder. El único plebiscito vinculante de origen ciudadano que se ha hecho fue en Vitacura, pero ni Santiago ni Chile son Vitacura, Las Condes o Providencia. Entonces la participación sólo está siendo relevante para algunas personas. Hay que avanzar en sistemas más sofisticados, pero sobre todo en decidir implementar métodos participativo”.

—Una de las críticas que más se realizó fue que se trataba de un conflicto elitista, mientras en otras comunas los problemas podían ser más graves que instalar o no una laguna.

“Es que es verdad. En la mayoría de las comunas la inversión proviene del gobierno regional o de los ministerios, y quienes han hecho estas consultas han sido los municipios que tienen inversión propia. Eso crea una sensación muy compleja de desigualdad, de exclusión, porque además de tener mejores condiciones, ellos pueden elegir. Para mí, en las demás comunas perfectamente se podría orientar la inversión, aunque no sea propia, a través de una priorización de los vecinos. Por eso se necesitan reglas que faciliten y favorezcan que uno también pueda elegir y opinar, independiente de dónde esté. Entiendo esa crítica, pero no creo que uno se la deba aplicar a la consulta propiamente tal, sino a la ausencia de consultas”.

Las consultas contra la abstención

—En general la opinión que se leía en redes sociales terminó siendo similar al resultado final, algo que no sucede a menudo. ¿Tiene que ver con que el mecanismo de participación haya sido internet?

“En este caso, las redes sociales sirvieron para movilizar a aquellos que de algún modo se sintieron perjudicados o tenían una opinión, y había al mismo tiempo una facilidad para votar. Pero eso está bien. Lo que se necesita en las consultas es que haya equiparidad y amplia información para todo el mundo. Mientras más información haya, más personas se van a interesar, y los métodos que se usen tienen que ser los que faciliten la participación, mientras sean seguros. Yo pienso que incluso se podrían asociar estas consultas específicas con las elecciones locales”.

—¿De qué manera impactaría en la participación?

“¿Qué pasaría si el día de las elecciones en cada comuna se pudieran también votar algunas cosas de la localidad? Si queremos que la mayor parte de la gente vote, ¿por qué no facilitarlo de esa manera? Generalmente se hace una especie de oposición entre democracia participativa y representativa, y hay formas de hacerlo complementario y fortalecer ambas. Es necesario generalizar las consultas: hacerlas un mecanismo más estable y que nos acostumbremos a opinar, que sepamos que podemos decir algo frente a estas y otras cosas. En segundo lugar, facilitar que la ciudadanía proponga cosas para consultar, que son los plebiscitos de origen ciudadano. Así como las autoridades se acostumbran a consultar, que la ciudadanía también pueda proponer bajo ciertos parámetros mínimos otros temas”.

—¿Entonces fomentar estas consultas sirve como un ejercicio de participación que podría funcionar como antídoto a las tasas de abstención?

“En este momento hay una prohibición legal de que los plebiscitos se hagan en épocas electorales. Nosotros proponemos al revés: que puedan coincidir. ¿Por qué no asociar las elecciones con contenidos sustantivos que se pueden dirimir ese mismo día? Deberíamos aprovechar la instancia porque lo más probable es que eso permitiría que las elecciones se volvieran una cuestión ya no en torno a personas: los candidatos tendrían que tomar partido en su comuna frente a los temas que están puestos en los plebiscitos y consultas que se hagan. La elección se “politizaría” de buena forma, porque no sería solamente una competencia entre caras, o perfiles o adhesiones genéricas, sino que en torno a algo concreto. Además, consultas como este movilizan mucha votación juvenil, que es el grupo que menos vota. Si pudieran expresar su opinión en un tema que les interesa, lo más probable es que concurrieran a hacerlo”.

—Se trata de una tendencia que ya toma fuerza en el extranjero.

“En todos los países existen mecanismos tanto de democracia participativa como de democracia directa, una serie de mecanismos que complementan las democracias representativas. En Chile el problema es que no tenemos casi nada de eso. Tenemos un problema de voluntad política de hacernos cargo en serio a esto y en América Latina es una práctica corriente. En México, Uruguay, Brasil y Colombia es una práctica normal. En EE.UU. se debate ya sobre las reglas y cómo tiene que ser, nadie se plantea no hacerlo. Suiza y la Unión Europea para qué decir. Hay muchas experiencias y en eso estamos tarde.

El nuevo ciudadano

—¿Qué características de la sociedad moderna se reflejan en este fenómeno?

“Es difícil saberlo en forma definitiva, pero normalmente se hace una especie de oposición entre una cultura más individualista versus una participación en asuntos colectivos. Yo pienso que hay una parte de las personas que efectivamente se entienden y sienten como individuos autónomos y no les importa lo que pase a su alrededor, porque lo ven como algo que no los toca. Sin embargo, hay muchas otras personas a las que les gusta participar de aquello que los compete, precisamente porque tienen una conciencia más fuerte de su bienestar individual. Ellos sienten que deberían preguntarles, que esas decisiones los involucran, y además la preocupación por el medio ambiente claramente ha crecido, como hemos visto en la enorme cantidad de movilizaciones”.

—¿Hay más preocupación por el entorno hoy que hace diez años?

“Aquí había algo especial: la competencia era una suerte de modelo más tipo Cancún-Miami, privado, más moderno, de tener la playa al lado de la casa, que a veces se nos vende como si todos lo quisiéramos. Los sectores que participaron, que son muy cercanos a ese tipo de ideologías y que uno podría pensar que son pro libre mercado, demostraron que para su entorno no quieren eso: que preferían algo más modesto y que se invirtiera en el parque para mejorarlo manteniendo sus características. Esa idea de valoración del entorno natural e inmediato está bastante presente en muchos lugares y estas son oportunidades para que se visualice. Todo depende de si se llega a una deliberación en serio y eso es muy importante: que se evalúen las alternativas, que se considere opinión técnica y todo el mundo esté informado, y en ese contexto la participación crece y se toman buenos caminos”.

—Hay quienes han planteado que este mecanismo de democracia directa vuelve irrelevante el rol de las autoridades, que son las que tendrían que decidir en las comunas, y que replicar su uso volvería impredecibles los gobiernos comunales. ¿Qué te parece?

“Que solo habla del nivel de resistencia que hay a esto. Si se gobernara a punta de preguntas todo el tiempo, claro que sería impredecible, pero si introduces la participación en serio desde la formulación de los programas de los gobernantes, como sucede en Colombia, donde son conocidos e influidos por la ciudadanía, obviamente las consultas después van a ser puntuales. Por lo demás la experiencia internacional indica que el uso de estos mecanismos nunca es permanente, siempre es excepcional. No tiene nada que ver con que se desdibuje la autoridad tampoco, al contrario. Inmediatamente surge este temor que no es justificado. Si hay temor, entonces que se regule bien, eso es todo. Pero que se regule a favor, no para restringirlo, sino para que pueda servir”.

—En muchas conversaciones el ejemplo se extrapoló a la situación que atraviesa Quintero y la ausencia de consulta con respecto a la instalación de industrias, en el caso de esa zona.

“Uno piensa si es que la planificación de esa zona llamada de sacrificio no podría haber sido con un grado de participación y anticipando lo que pudiera ocurrir. Por supuesto que no hubo consulta y se impuso, entonces resulta todo más difícil. Por eso es tan injusto ese tipo de juicios que sostienen que frente a una consulta tan inocua como esta se piense que se va a debilitar la autoridad. La autoridad se debilita cuando no es capaz de cautelar a los ciudadanos, cuando ni siquiera sabe qué tipo de contaminación existe. Esa autoridad sí que es débil”.