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[PRENSA] Verde y celeste, colores de importación: La “argentinización” del debate por el aborto en Chile

Ana Figueiredo

Publicado en EMOL

Un mes después de que los diputados argentinos dieran visto bueno al proyecto de aborto libre, una marcha con la misma consigna se tomó la Alameda. Las chilenas, al igual que las trasandinas, portaron pañuelos verdes, y los detractores también adoptaron el celeste.

En la discusión parlamentaria por el aborto libre en Argentina, 738 expositores se presentaron ante la Cámara de Diputados. Tras 23 horas de discusión, la iniciativa obtuvo media sanción y pasó al Senado, donde se votará en agosto. El proyecto que salió ese 14 de junio había entrado al Congreso tres meses antes, pero se trataba de su séptima presentación en 12 años.

La noticia fue celebrada por miles de mujeres que esperaron toda la noche el resultado en una multitudinaria vigilia a las afueras del Congreso. Usando pañuelos verdes que decían “Campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito”, las manifestantes ya se habían tomado las calles durante las semanas anteriores para pedir la aprobación de la ley.

Este miércoles, a meses de que se cumpla un año de la promulgación de la despenalización del aborto en tres causales en Chile, una multitud cifrada por la Coordinadora Feministas en Lucha en 50 mil personas marchó por la Alameda por sexta vez para pedir aborto libre. Esta vez, vestían también pañuelos verdes pero añadiendo otra consigna: “No bastan tres causales”.

Los pañuelos verdes chilenos

El movimiento en Chile comenzó a coordinarse en 2013, luego de que una niña de 11 años quedó embarazada tras ser violada. Esa primera manifestación, también ocurrida un 25 de julio, convocó según sus organizadoras a más de 5 mil personas a pesar de no estar autorizada por la Intendencia. La marcha terminó en la Catedral de Santiago, donde el arzobispo Ricardo Ezzati oficiaba una misa.

Pero las mujeres que han liderado el movimiento estos años ahora tomaron elementos del ejemplo trasandino, que logró su admiración por la cantidad de adherentes que convocó. La meta que se proponen es socializar el debate e instaurarlo “a nivel de base”, para lograr un apoyo popular masivo, como ocurre en Argentina. El pañuelo fue precisamente uno de esos elementos.

Para llegar a él, Feministas en Lucha abrió un concurso que recibió propuestas de logos a mediados de junio. Finalmente se impuso una imagen que contiene a dos mujeres: la primera, atrás, es una mujer que sujeta una bandera y que emula la que contenía el afiche del primer congreso nacional del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer Chilena en 1937.

La segunda, adelante, porta a su vez un pañuelo y lleva el pecho descubierto, en representación de las que marcharon durante la llamada “ola feminista”. Además tiene un puño en alto.

“La demanda por aborto libre, legal, seguro y gratuito trasciende nuestras fronteras y se hermana con las luchas de nuestras compañeras latinoamericanas. Por esto adoptamos la pañoleta verde, pues somos parte de esta ola feminista que en Chile, América Latina y el mundo entero no para de crecer”, explicó la coordinadora en un afiche explicativo de la marcha.

El modelo argentino no solamente ha hecho eco en Chile. “Si Argentina puede, nosotras también” es una de las consignas que se repiten en Brasil, donde el símbolo verde también se ha tomado las calles. La demanda también ha hecho su entrada, aunque con menor resonancia, en Venezuela.

La resistencia celeste

Mientras miles de mujeres celebraban la media sanción afuera del Congreso argentino, en el lado opuesto de la plaza bonaerense otra multitud —considerable, pero menor en proporción— estaba silente. La llamada “Ola Celeste”, que se identificaba con pañoletas de ese color, había sufrido una derrota: el grupo fue el encargado de oponerse al proyecto.

Con un símbolo que representa a una mujer y un corazón en su vientre, y acompañado del mensaje “salvemos las dos vidas”, la pañoleta también aterrizó en territorio nacional. El símbolo encontró arraigo incluso en el Congreso, de la mano del senador Manuel José Ossandón.

“No conformes con el aborto en tres causales, ahora promueven el aborto libre, como si fuese la solución real a los problemas de la mujer. El aborto mata a un ser humano y daña para toda la vida a otro. Mejor cuidar, respetar y trabajar para proteger a los dos”, tuiteó el parlamentario.

La discusión se ha trasladado al mundo virtual, donde los adherentes de cada bando se identifican con un círculo verde o celeste alrededor de sus fotos de perfil.

Desde “Ni Una Menos”

Para la investigadora adjunta del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, Ana Figueiredo, todos los elementos que entraron en el debate chileno se explican como una muestra de solidaridad con un movimiento que ha tenido gran poder social. “Tiene que ver también con el éxito que tuvo en Argentina y con decir: ‘Ojo, nosotras acá también queremos lo mismo'”, explica la psicóloga social.

Pero la sincronía entre ambas naciones en temas de feminismo actual se puede rastrear desde el estallido de las manifestaciones por “Ni Una Menos”, que se replicaron en casi todos los países latinoamericanos. “Hoy hay mucha más articulación a nivel regional y eso influye en la estrategia. Desde ahí se vio un impacto fuerte detrás de la idea de que, si se unen, la fuerza es más grande y el potencial es mayor”, comenta.

Sin embargo, la realidad argentina todavía está lejos de la chilena. “Hay una diferencia muy grande entre ambos contextos y es la despenalización social: en Argentina no es tabú hablar de aborto, mientras que acá sí, porque la sociedad es más conservadora y la religión tiene un peso mucho más relevante cuando se discuten estas demandas”, asegura.

En las primeras marchas pro aborto, recuerda, las manifestantes caminaban con el rostro cubierto. “Ahora ya no lo hacen, ya no hay miedo. Las personas se visibilizan más, ya no sienten miedo a decir ‘yo soy feminista’. Eso está cambiando, pero en Argentina es así hace muchos años”, cuenta.

Otro de los puntos a considerar son los presidentes de ambos países, Sebastián Piñera y Mauricio Macri. Si bien ambos comparten en gran medida su visión política, tienen estrechas relaciones bilaterales y los dos han manifestado estar en contra del aborto, el Mandatario argentino ha ocupado una estrategia distinta al la del chileno.

“Macri vio que la sociedad demandaba un cambio y que era muchísima gente. Él dio un paso atrás, no se involucró y afirmó que serían los parlamentarios quienes decidirían. Es una estrategia política que se refleja de manera positiva en su Gobierno: aunque sea de derecha, permitió que ‘la democracia hablara’. Pero Piñera ha dicho manifiestamente lo contrario”, concluye.